| Esto fue lo que quedó de una suela de una bota de trekking en dos horas de camino, para sufrimiento de mis pies. |
Durante unos cuantos años estuve encantado con estas botas y
se las recomendaba a todo el mundo. Hoy, en cambio, tengo que recomendar que a
nadie se le ocurra comprar Chirucas de la casa Fal, cuya fábrica, al parecer
está en Logroño.
| Dos modelos distintos pero con el mismo problema. Y cientos de casos más, tal como descubrí en Google. |
Los hechos son los siguientes. Una mañana de agosto salí a
caminar. Era una ruta de veinte kilómetros, más o menos, entre Maside y
Ourense. Al cabo de una hora de iniciar la caminata, la suela de una de las
botas comenzó a desintegrarse, literalmente, como si en vez de goma –luego supe
que no era goma sino poliuretano– fuese miga de pan. En dos kilómetros me quedé
sin suela y antes de que eso ocurriese me empezó a suceder lo mismo con la
otra. Pensé que habría pisado algún líquido cáustico, sin darme cuenta, algo
que había entrado en reacción con la goma para que me ocurriese tan insólita
situación de quedarme con la plantilla de las botas en el suelo y tener que
acometer casi once kilómetros a pleno sol de agosto en tierras ourensanas, en
esta precaria situación.
Meses después, le ocurrió lo mismo a mi mujer con las suyas.
Pero esta vez fue sin salir de casa. En el tiempo que invertimos en colocar el árbol
de navidad, las luces y sus adornos, la goma comenzó a cuartearse.
| Qué contraste: los cordones nuevos, son los originales, y la suela desaparecida. |
Llamé a la casa fabricante, pedí que me pusiesen con alguien
de atención al cliente, le expliqué lo sucedido y su respuesta fueron una
sucesión de evasivas: que si las botas tenían tiempo, (cierto, más de cinco
años, creo que siete, pero muy poco uso, pero las suelas estaban muy poco
gastadas, poco rodadas), que si las suelas se degradan con la edad no con el
uso (disparate total. Tengo unas camperas desde hace más de veinte años y
zapatos que una vez que se han envejecido y no valen para salir a la calle
utilizo para trabajar el jardín, algunos tienen hasta treinta años. Jamás había
oído nunca nada de que los zapatos se degradasen por falta de uso, simplemente
por tenerlos guardados en sus cajas y, casualmente le fue a suceder a unas
botas que no son de las más antiguas).
Total, que al final me dijo que las llevase a donde las
compré, con el ticket de compra para que se las enviasen. No tenía el ticket,
después de tanto tiempo. Y en el Corte Inglés, que fue donde habían sido
adquiridas me trataron muy atentamente, me recomendaron que no volviese a
comprar unas botas de suela de poliuretano, que es la causa de esa degradación
tan instantánea y me dijeron que la casa Chiruca o Fal no les admitía la
devolución si no era con el ticket de compra, con lo que no podían hacer nada,
aunque comprendían que no es habitual que la gente guarde las facturas o los
tickets de compra de un calzado después de siete años.
Conclusión: unas botas que te dejan tirado, de repente, en
pleno de una caminata no son buenas botas, aunque sean caras (porque no es una
marca barata). Jamás me había sucedido. Un fabricante de calzado que no asume su
responsabilidad y acepta cuando hay un defecto de calidad, no es un buen
fabricante. Las botas llevan su marca, ¿qué importa que exista o no ticket de
compra? ¿Por qué tengo que llevarlas a la tienda donde las compré si es un
defecto de fabricación?
Hace años, una fábrica de lavadoras me cambió la que tenía
en casa porque el bombo (¿o se llama tambor?) tenía un punto de óxido. Yo no me
había dado cuenta, sino un técnico de la misma casa al hacer una reparación sin
importancia. La cuestión era que los bombos eran de acero inoxidable y si éste
tenía óxido, obviamente, era debido a un defecto en el material, no algo
derivado del uso. Y no me pidieron el ticket de compra. Y, por cierto, también
era de fabricación española, Fagor, para más datos.
Se me ocurrió ver en internet. Haced la prueba. Poned en
Google: Chirucas que se desintegran. El resultado: 572 entradas. Me he dado
cuenta que no era el único y que hubo personas a las que sí les han reenviado
unas botas nuevas. Todo dependerá de quién te atienda al teléfono. En fin, que
no fui el primero. Pero espero ser el
último al menos entre quienes leéis este blog.
Si queréis tener la certeza de que llegaréis a destino sin
que las suelas de vuestras botas se degraden como si fuese miga de pan, ya sabéis
lo que no debéis comprar.