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martes, 7 de enero de 2014

Pescanova y los trileros

Jugar en bolsa. El propio verbo lo explica todo. No se trata de invertir, ni de ahorrar, sino de jugar. Un viejo amigo me contaba hace ya un par de décadas que en España había tanto jugador en bolsa porque era el único lugar al que podían acudir los ludópatas a quemar su dinero en un país en el que estaban prohibidos los casinos y el juego.
Dicen que quien se arma de paciencia suele recuperar el dinero perdido cuando las cosas vienen mal dadas en el mundo bursátil. Pero eso no va les va suceder a los accionistas de Pescanova, a quienes se les anuncia que van a perder todo lo que tenían invertido en títulos de la compañía redondelana. Por ejemplo, Ferrán Adriá poseía a principios de 2013 algo más de medio millón de euros en acciones de Pescanova. Si lo hacía pensando en ahorrar, le ha salido el tiro por la culata, ese patrimonio se le ha quedado como la cocina que practica: deconstruido. Más bien, destruido, es decir, se ha esfumado.
No juego a bolsa. Cualquier casino me parece mucho más seguro, más decente. Al menos sabes contra quién juegas, no hay tiburones ni brokers ni especuladores. Tampoco hay una Comisión Nacional del Mercado de Valores que no ha servido para garantizar la seguridad de los inversores, pese a que ese es su principal cometido. No sirvió en el caso de Bankia ni en el de Pescanova. En los casinos tampoco hay, sentados a la ruleta, empresas auditoras, esos chicos de traje y corbata que se supone que vigilan para que las cuentas de las empresas sean las que dicen que son y no otras. ¿Os acordáis de Arthur Andersen? Era la de más prestigio. Los “arturitos” cuando dejaban la compañía eran fichados con grandes sueldos por bancos y cajas de ahorro. Uno de ellos tiene que visitar el juzgado cada quince días después de haber pasado por un alto cargo en Caixanova-Novacaixa por su fabulosa indemnización a costa del erario público cuando dejó Novacaixa después de haber sido miembro de una corte de ejecutivos agresivos que dilapidaron el patrimonio de una de las cajas más saneadas de España. Y lo que es peor, era nuestra, y por su avaricia la arruinaron y está en venta a precio de saldo.
Pero llegó el escándalo de Enron Corporation y se llevó por delante la reputación de la consultora. ¿Qué fue de aquellos que trabajaban allí? Unos marcharon para KPMG, otros para Deloitte...  Nunca se aprende de los errores de los demás. El caso Enron no sirvió de escarmiento ni de ejemplo de que una empresa por muy auditada que esté puede acabar dando la campanada. ¿Quién auditaba el astillero Barreras que pasó de dar beneficios un año a ser la ruina de muchas empresas y proveedores al año siguiente? ¿Quién auditaba Bankia?
No recuerdo cuántos pequeños accionistas hay en Pescanova. Lo leí en algún periódico pero me olvidé. Es lo mismo. Serán muchos. También algunos medianos, como sucedió en Bankia y en otras muchas compañías de las que cotizan en bolsa. Ahora que comienza 2014 sabrán que entre jugar con trileros o con auditoras y comisiones nacionales del mercado de valores, es siempre mejor hacerlo con los primeros. A los delincuentes de la calle les puedes mirar a los ojos mientras te roban.

martes, 2 de octubre de 2012

Uns vão bem e outros mal

A Marina Molares que a veces me lee desde Portugal. Nuestra amistad ya ha superado la edad de Cristo.
 
Me gusta ir a Portugal. No hay lugar en el mundo en el que me sienta mejor acogido. Recientemente hice un recorrido por toda la región Norte gracias al cual conocí rincones sorprendentes y me sirvió para ratificar mi teoría de que, al contrario de lo que algunos piensan, los portugueses son una versión avanzada de lo que somos nosotros. Es cierto. A veces resultan excesivamente hiperbólicos, pero incluso sus exageraciones están cargadas de lirismo y, a veces, de ironía.
Su condición de adelantados la podemos constatar en numerosos campos: llegaron a la democracia antes que nosotros y lo hicieron con una revolución que fue tan singular como ejemplarizante por su cariz pacífico. Su revolución enológica, prestándole más atención y cuidado a la elaboración de los vinos, se adelantó más de una década a la gallega. Recuerdo, cuando era infante, que mientras aquí seguíamos escuchando la radio en Onda Media, ellos ya tenían emisoras de FM en estéreo y en esa misma época nos daban sopas con hondas en turismo rural.
Si queremos ver lo que nos va a pasar con la crisis y el rescate de nuestros amigos europeos no tenemos más que cruzar el Miño o la raya seca y ver la situación de Portugal: las carreteras están llenas de tráfico porque no hay dinero para pagar los peajes. En las ferias y tiendas ya solo compran los extranjeros y han convertido el shopping en su principal entretenimiento. ¿Dónde están los miles de portugueses que venían a Vigo los sábados y llenaban El Corte Inglés, y se gastaban miles de escudos en los comercios, en los restaurantes, en los hoteles y en los bingos gallegos? Se quedan paseando por sus grandes centros comerciales de las afueras de las ciudades, que allí se está calentito y el estacionamiento es gratuito. Recuerdo que cuando Zapatero decía que la banca española jugaba en la Champions League, una funcionaria portuguesa me contaba que el empobrecimiento de su salario le había abocado a comprar en los bazares chinos hasta la ropa que llevaba puesta.
Aquello tenía que haber sido una premonición. Estar en Europa tuvo muchos, muchísimos beneficios: para la banca, para las grandes empresas que pudieron disfrutar del movimiento libre de capitales y mercancías y exportar como nunca e importar también;  para los políticos que dispusieron de miles de millones de euros con los que hacer obras que podían inaugurar en cada campaña electoral. En estos viajes que os comentaba por Portugal, llegué a circular por vías rápidas que ni siquiera estaban todavía en los mapas, de tantas que hicieron con dineros que llovían de Bruselas. Pero a la hora de pagar los despilfarros, de enfrentarse a una crisis, ¿Quién paga los platos rotos? Como no se puede devaluar la moneda, porque ya no es nuestra (y además eso perjudicaría a nuestros amigos que a la vez son quienes nos mandan y nuestros competidores), pues se devalúa la calidad de vida de los ciudadanos. Devaluar salarios, prestaciones sociales, servicios públicos y a la vez subir impuestos es llevarnos a pasos agigantados hacia los procelosos dominios de la pobreza. Y en eso, desgraciadamente, también van por delante mis queridísimos amigos portugueses. Su drama, es un aviso del que será nuestro drama en unos meses.

miércoles, 13 de junio de 2012

Cosas mejores que hacer con cien mil millones que rescatar los bancos

La fábrica de la moneda de Merkel, que es ese maquinillo al que llaman Banco Central Europeo y que sirve para imprimir euros está entintando las rotativas para lanzar cien mil millones que le prestará a España para que arregle los desaguisados de los bancos. No sabemos cuánto nos van a costar, ni si serán en papeles de 50, 100, 200 ó 500 euros, o la Merkel nos dará un surtido como cuando se trata de bombones belgas. Guindos está muy contento porque sus socios, que es como les llama aquí a sus jefes, le van a prestar ese dinero para pagar los pufos que sus amigos dejaron en algunas cajas de ahorro y bancos cuando estuvieron al frente de ellos. Rajoy, en cambio, está disgustado, porque él esperaba ser otro presidente. Tuvo que poner la cara cuando el Prestige llenó de chapapote toda Galicia, tuvo que aguantar el tipo cuando Aznar nos metió en la guerra de Iraq y ahora tiene que ir pidiendo árnica por Europa adelante para lavar la imagen de un país en el que hasta el presidente del Consejo General del Poder Judicial es un falsario manirroto a costa del erario público.
Llevar al hombre a la Luna salió más barato que el rescate bancario y dio  miles de millones de beneficio. (NASA)
¿Y nosotros? ¿Estamos contentos? Si fuese rentista estaría contentísimo porque podría conseguir intereses del 6,7 por ciento comprando bonos del tesoro a diez años. Pero ese privilegio le quedará a los bancos, que van a recibir cien mil millones al cuatro por ciento y los van a poder colocar al 6,7 (así que ya os podéis ir olvidando de que fluya el crédito para la pequeña y la mediana empresa).
¿Contentos? Nada en absoluto. Si alguien va a tener que pagar ese rescate vamos a ser nosotros y, en verdad, puestos a disponer de tal cantidad de dinero, a mí se me ocurrirían cosas mejores en que gastarla. Cien mil millones de euros. Con ese dinero y lo que llevan ya recibidos los bancos y cajas de ahorro ya deben ir cerca de 130.000 millones de euros. Si hay un adjetivo que puede calificar esa cifra es “Astronómica”. 130.000 millones de euros costó el programa espacial que se desarrolló en Estados Unidos durante toda la década de 1960 y llevó, al final de la misma, a un hombre a poner el pie en la Luna. 130.000 millones de euros de hoy, algo más de 25.000 millones de dólares de aquel momento.
Con 130.000 millones de euros, Kennedy y sus sucesores llenaron los institutos de Estados Unidos de telescopios, laboratorios de física, reforzaron los programas educativos de las asignaturas científicas y tecnológicas, propiciaron el desarrollo de las industrias aeronáutica y astronáutica y revolucionaron sectores tecnológicos en los que Estados Unidos se convirtió en líder indiscutible durante todas las décadas siguientes. Hay quien erróneamente piensa que viajar a la Luna fue un disparate. Disparate es darle cien mil millones a los bancos españoles. Viajar a la Luna, nos dio la telefonía celular, las comunicaciones vía satélite, la informática, la tecnología de los microprocesadores, los chips, los pañales desechables, el GPS y que el hombre del tiempo no tenga que esperar a que le llamen desde un barco en medio del Atlántico (¿alguien se acuerda del barco K?) para decirle dónde está el anticiclón de las Azores.
Con 130.000 millones de euros se pueden hacer muchas cosas buenas. Pero ninguna de ellas pasa por dársela a los bancos. Supongo que habrá honrosas excepciones, pero lo cierto es que el sistema financiero español, ha reducido la riqueza de nuestro país en más de un diez por ciento durante una crisis que nos descubrió el lado más salvaje de un capitalismo depredador que se sostiene en la inmoralidad de unos desaprensivos y en la excesiva benevolencia de un sistema que permite que situaciones como ésta se lleguen a producir a escala global. Falló la teoría de Adam Smith. La mano invisible que todo lo regula sin necesidad de leyes, fue tan invisible que no funcionó. La Unión Europea que limita la producción de leche de nuestros ganaderos y regula los cultivos en nuestros campos, fue extremadamente condescendiente con los especuladores, los delincuentes financieros, propició gastos faraónicos que subvencionó hasta con el 80 por ciento. Y ahora quiere que nos endeudemos más, cada uno de nosotros, para que los mismos que han llevado el barco a las piedras se vayan de crucero otra vez.

miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Sanidad? No, gracias. ¡Que privaticen Gaiás!

El presidente de la Xunta de Galicia, más conocido por Espléndido Garvey por su tacañería presupuestaria en los tres ejercicios que lleva al frente de la comunidad de vecinos de Galicia, acaba de dejar caer, como quien no quiere la cosa, que podría privatizar la sanidad. Supongo que será porque quiere ahorrar más. Si es así, tiene una opción mucho más decente: despida usted a la conselleira de Sanidad. No solo no ha conseguido mejorar el servicio público de salud, sino que tampoco le ha servido para ahorrar el empeoramiento de las listas de espera. Privatizar con la excusa de que se mejorará, es reconocer implícitamente el fracaso en la gestión llevada hasta ahora. Y como este gobierno carece de política y solo presume de gestión, si la hace mal, lo lógico es que haga acto de contrición, propósito de enmienda y pida perdón por sus pecados. Pero que no comenta otros más capitales como vender la salud de sus ciudadanos a empresas privadas. Porque, seamos sinceros. Si la Xunta privatiza y alguna empresa entra en el negocio, será para hacer dinero. Entonces ¿cómo es posible que algo que resulta ruinoso para el gobierno de Espléndido Garvey sea negocio para emprendedores privados?

Supongo que en su discurso de justificación de esta política (porque si privatiza será la primera acción política que tome en su mandato) empleará el argumento de que todos ganaremos. Y puede que tenga razón. Pero entonces, yo querría que fuese más lejos: privatice todo el gobierno. ¿Para qué tener políticos que no hacen política y que gestionan de manera que deben recurrir a la iniciativa privada para que le arregle las cuentas? La privatización es el último recurso frente al fracaso de la política. Reconozco que sería lo adecuado por ejemplo ante un muerto de las dimensiones del Gaiás, ese  mausoleo que Fraga mandó hacer y al final no quiso ocupar que se llama Ciudad de la Cultura. Esa es la clave: que privaticen el Gaiás. Se pueden hacer muchas cosas: residencias para estudiantes (ahora que se van a reducir las becas, podrían compensárseles de alguna manera), un centro comercial, un almacén, o quién sabe. Cualquier cosa será más rentable que dedicarlo a ocupar miles de metros cuadrados sin más objeto ni propósito que ser un mero continente de la nada o que empeñen en expoliar el patrimonio cultural de las ciudades gallegas, como la amenaza del inconsciente del BNG que propuso llevar para allí la colección de la plástica gallega de Caixanova, ahora que esa entidad ha sido expoliada por sus antiguos dirigentes y su obra social se ha quedado huérfana y sin pensión.

Reconozco que Garvey intenta recuperar las cuentas de Galicia del despilfarro vivido en el pasado y que es un tipo decente. Que tuvo la mala suerte de ser presidente en un momento en el que le crecen los enanos después de que nos llenaran Galicia con infraestructuras faraónicas que ahora resultan insostenibles. Pero el problema de la sanidad será otro, sin duda. Es el mismo que ocurre en todo el mundo y que hace unos años denunciaba un artículo del New England Journal of Medicine, el Diario Médico de Nueva Inglaterra. Decía aquel artículo que en las últimas décadas la mayor parte de los sistemas de salud públicos habían visto cómo se incrementaban sus costes no por aumentar el número de médicos o de enfermeros que atienden a los pacientes, sino porque se habían inflado los servicios de gestión: hay más gerentes, más gestores, más controladores, más departamentos de planificación, más administrativos. ¿Cómo es posible que mientras la tecnología nos brinda la posibilidad de reducir los servicios administrativos y de gestión en todas las áreas de negocio en el mundo privado, en los sistemas públicos crecen? Desde que se transfirió la sanidad a Galicia en 1990 el número de médicos prácticamente no ha crecido. Se sustituyen las bajas por nuevas incorporaciones, pero muchas veces por interinos. Pero en cambio los servicios de gestión, de planificación tienen cada vez más personal. ¿No estará ahí el problema, en que como en el ejército de Pancho Villa hay demasiados sargentos por cada soldado?

Querido Garvey, yo que tú le daría otra pensada, antes de tomar esa decisión. Piensa que si en un sistema de salud hay margen para que un empresario gane dinero y a la Xunta, que somos todos, le salga más barato que el modelo actual, solo puede ser porque algo estáis haciendo mal.

jueves, 17 de mayo de 2012

¿Cuándo irán a la cárcel?

Dice el refrán que “detrás vendrá quien bueno me hará”. Desde hace unas semanas, o tal vez meses, pueden repetirse una y otra vez esa frase personajes que hace un par de décadas nos parecían perversos. Pienso, por ejemplo, en Mario Conde y en el difunto de Mariano Rubio,  quienes pasaron una temporadita en la cárcel por verdaderas nimiedades si las comparamos con las que estamos viviendo en el presente. Me pregunté, antes de ponerme a escribir estas líneas lo que imagino que muchos de vosotros estaréis pensando ahora. ¿Por qué fueron a la cárcel, Mario Conde o Mariano Rubio y en cambio se han salido de rositas los facinerosos que han hundido las cajas de ahorro españolas? ¿Cómo es posible que tras el escándalo Banesto, un tribunal le obligase a devolver a Mario Conde algo más de siete mil millones de pesetas, además de condenarlo a varios años de cárcel y en cambio a José Luis Méndez en vez de meterlo entre rejas le diesen dos mil seiscientos millones de pesetas de premio por su delictivo final al frente de la caja gallega? ¿O que entre tres directivos de la antigua Caixanova se llevasen más de tres mil millones de las antiguas pesetas después de arrojar a las piedras del naufragio la que había sido la Caja de Ahorros Municipal de Vigo? ¿Habrá algún fiscal o algún juez que investigue cómo Caja Madrid pasó de ser la más grande y solvente de España cuando estaba dirigida tan certeramente por el pontevedrés Jaime Terceiro a una ruina llamada Bankia que nos va a costar miles de millones (y ahora ya no de pesetas, sino de euros) después de haber sido mangoneada por los amigotes de Aznar y Esperanza Aguirre?
No, queridos amiguitos. Nadie irá a la cárcel. Nadie saldrá condenado. Mario Conde estaba al frente de un banco, una empresa privada, y sus accionistas se enfrentaron por la vía judicial a un presidente que consideraron que les había engañado, al tiempo que, como buitres, sus competidores arrojaban leña al fuego para que la pira de Conde ardiese con más fuerza. Pero las cajas de ahorro no tienen accionistas. No tienen dueño. Son como barcos corsarios que navegan por el proceloso mar de la economía sin dios ni patrón y sus capitanes, verdaderos piratas, han dedicado el dinero que no tenían que repartir entre accionistas, a comprar voluntades. Las mismas cajas de ahorro que desahuciaban a quienes no pagaban las hipotecas condonaron cientos, miles de millones de pesetas a partidos políticos cuando no cuadraban las cuentas de las campañas electorales. Ayudaron a alcaldes a pagar las nóminas de sus ayuntamientos cuando la tesorería municipal estaba falta de liquidez o renegociaban deudas de miles de millones de pesetas a grupos de comunicación que a cambio de consentir que su agujero financiero fuese cada vez más y más profundo, mantenían una política informativa blanda frente a las delictivas acciones de los ejecutivos de esas cajas.
Nos han robado nuestras cajas unos delincuentes choriceros. Querían ser más, tener más poder. Más sucursales. Compraron acciones de empresas ruinosas. Se metieron en el ladrillo para dar de ganar a sus parientes. Se asociaron con compadres, consuegros y demás familia sin que nadie dijese ni pío. ¿Quién iba a decirlo, si había medios comprados con créditos blandos o con generosas campañas de publicidad? ¿Qué político iba a denunciarlo si todos dependían de esos delincuentes para financiar sus carreras electorales? Muy al contrario, había peleas por sentarse en los consejos de administración para cobrar dietas fabulosas o conseguir créditos al 0 por ciento de interés y luego poner ese dinero a plazo fijo en un banco de la competencia y así sacar unos miles de eurillos de propina.
El nuevo gobierno, que ya no es tan nuevo y empieza a estar demasiado visto, intentó echarle carnaza a los voraces mercados financieros. Primero la subida de impuestos. Luego, la reforma laboral y el despido de saldo. Después, la investigación. Le siguieron la sanidad y la educación. Todos los derechos sociales peleados durante décadas arrojados a bocados para intentar despistar, mientras el verdadero problema, el agujero financiero y el escándalo de las cajas de ahorro seguían sin resolver. La frialdad con la que se siegan los fundamentos del Estado del Bienestar se convierte en tembleque de miedo a la hora de ponerle el cascabel al verdadero gato que es la banca y, de paso, las bolas de presidiario y el pijama de rayas a quienes nos han traído hasta aquí. Tienen nombres y apellidos. Se han llevado millones de euros y han causado millones de parados ¿Por qué los siguen encubriendo? ¿Cuando irán a la cárcel?

lunes, 23 de abril de 2012

Mearon por encima de nuestras posibilidades (pero no dijimos que lloviese)

Leí hace unos días que el gobierno de Rajoy tiene entre sus planes para reducir los gastos en el capítulo de Sanidad, aplicar el principio de reciprocidad en materia sanitaria. Me explico: la sanidad será gratuita para aquellos extranjeros de países en los que la sanidad es gratuita para los españoles. De todas las medidas que ha adoptado hasta ahora el gobierno conservador ésta es la más lúcida. Lo que no entiendo es por qué no se aplica la misma reciprocidad en otros asuntos. Por ejemplo: ¿Por qué no mandamos de vuelta a los soldados que tenemos en Afganistán, en el Líbano y en otras aguas que no son de nuestra jurisdicción? Buena parte de la situación en la que se encuentra nuestro país se debe a que ha vivido por encima de sus posibilidades. Vivir por encima de las posibilidades, en el caso de un país, no es que sus ciudadanos coman nécoras en vez de chopped o tengan un Audi en vez de un Panda. Muy al contrario. Fueron otros los que vivieron por encima de nuestras posibilidades. Mearon por encima de nuestras posibilidades y ahora nos quieren hacer creer que llueve.
España vive por encima de sus posibilidades cuando se convierte en el primer país de Europa en kilómetros de alta velocidad, pero en cambio tiene que comprar la tecnología para desarrollarla a Alemania, a Francia y a otros países.
España vive por encima de sus posibilidades cuando sus dirigentes deciden construir aeropuertos como el de Ciudad Real, o el de Badajoz o el de Castelló, cuando no hay aviones ni demanda de uso que se cierna sobre el horizonte. ¡Qué disparate apostar por la alta velocidad y la aviación a la vez! Es como empeñarse en llevar cinturón y tirantes en el mismo pantalón.
Galicia vive por encima de sus posibilidades cuando deciden construir mamarrachadas como la Ciudad de la Cultura en el monte do Gaiás y en cambio no saben cómo acabar con el problema endémico del fuego en los montes de verdad. Todavía estoy esperando al buen pirómano (si hubo un buen ladrón tendrá que haber un buen pirómano) que se acerque por el Gaiás, aunque con tanto hormigón dudo mucho que arda.
Y desde luego, España vive por encima de sus posibilidades cuando mantiene un gasto militar improductivo como es mantener contingentes en Afganistán, en el Líbano y en otros países.   
Que Estados Unidos tenga tropas por todo el mundo es lógico. La industria militar norteamericana es la primera locomotora científica, industrial y económica de dicho país. No tenemos más que recordar que si la carrera espacial fue posible fue gracias a la guerra fría y con ella prosperaron industrias como la aeronáutica, la de las telecomunicaciones  y toda la industria informática desde los computadores hasta internet. Pero, ¿qué se nos pierde a nosotros en Oriente Medio o en Afganistán? Solo el dinero. El dinero que debería destinarse, por ejemplo, a mejorar las condiciones de competencia de nuestra economía. Y la competencia no se consigue abaratando costes, sino generando nuevos elementos de riqueza. Si Alemania tiene una economía más sólida y competitiva que España no es porque los sueldos de los alemanes sean más baratos que los de los trabajadores españoles, ni porque tenga una administración pública más reducida. Muy al contrario: los salarios son más altos, hay más funcionarios en términos porcentuales y en términos absolutos.
Para salir de la crisis hay que recortar gastos. Pero no todos los gastos.  En cambio, hay que poner fin a todas las mamarrachadas: aeropuertos en Castelló, Ciudad Real, Badajoz y… por supuesto, el Gaiás.
Decía Goebbels que cada vez que alguien le mencionaba la palabra cultura se le iba la mano a la pistola. A mí me pasa lo mismo cuando alguien me menciona la Ciudad de la Cultura. Lo cierto es que no llevo pistola. Pero mi pluma está más cargada que una Luger.

jueves, 22 de marzo de 2012

Judas y el buen ladrón

Se acerca la Semana Santa y me vienen a la mente estampas de la pasión de Cristo.  Son imágenes con el rostro de Victor Mature, Charlton Heston (éste no falla nunca), Charles Laughton…  Tantas películas bíblicas durante la infancia terminan haciendo más mella que trece años de primaria y secundaria con las puntuales clases de religión tres días a la semana.
También me vienen a la mente otras caras. Son menos cinematográficas, pero en verdad que los medios nos han saturado de ellas hasta la saciedad. Con el elenco de personajes de la vida política actual y su empeño en amargarnos la vida podríamos hacer una nueva versión de  “La historia más grande jamás contada”. En la versión que hoy os propongo, en vez de contratar a Max Von Sydow para hacer el papel de Cristo, podemos elegir cualquier ciudadano de nuestro país. Da igual un parado, que un funcionario al que le recortan el sueldo, un trabajador del naval que carece de barcos que construir ahora que Bruselas ha ordenado que se reduzcan las flotas pesqueras, el administrativo de una caja de ahorros al que van a mandar para casa para que el sector financiero sea más fuerte o el empleado de cualquier empresa al que le podrán poner la chaqueta por una propina gracias a la reforma laboral (No sé por qué le llaman reforma laboral. Debería ser la reforma patronal).
Sería larguísimo señalar ahora mismo todo el reparto de la película. Esa es una tarea que me gustaría compartir con vosotros, queridos lectores, y que propusieseis, por ejemplo, a quien le daríamos el papel de Pilatos, de Caifás, de María Magdalena… A mí me saltan como alarmas dos caras para dos personajes: Judas Iscariote y el Buen Ladrón.
Empecemos por el segundo. Ya el nombre es en sí un oxímoro, es decir, una relación imposible por tratar de unir dos conceptos opuestos. Buen ladrón es como la agilidad burocrática o la inteligencia militar: un imposible. Pero en nuestro país todo es posible. Incluso que el Ministro de Gracia y Justicia, con esa cara de bueno que tiene, le cayera tan bien a la izquierda cuando era alcalde de Madrid. De hecho, parecía que Ruiz Gallardón tenía más amigos en el PSOE que en su propio partido. ¿Cuántas veces oímos aquello de que “El PP sería otra cosa si estuviese al frente Gallardón”? Pues ahí tenéis a Gallardón haciendo de las suyas. No lo criticaré  por sus primeras iniciativas legislativas. Está en su papel como  miembro de un gobierno conservador. Lo que sí me parece que debería causar su cese fulminante en el Consejo de Ministros es su condición de pufero mayor del reino. Ha dejado la alcaldía de Madrid con una deuda de 6.891 millones de euros. Es la cuarta parte de la deuda que acumulan los ayuntamientos de toda España. Pero no se queda ahí la cosa. Gallardón, además empeñar a cada madrileño con una deuda de 2.000 euros, ha dejado colgados a pequeños empresarios, profesionales y proveedores del Ayuntamiento de Madrid a quienes no les ha pagado facturas por importe de mil millones de euros y deben añadir esta tropelía de un político insensato a sus cuitas en plena crisis: falta de actividad, falta de financiación, anticipo del pago del IVA de las facturas a clientes morosos. Estoy seguro que Gallardón, cuando era alcalde de Madrid no tenía contemplaciones con quienes se demoraban en el pago de las tasas de basura, el impuesto de circulación, etcétera. Deberían unirse y contratar al Cobrador del frac para que apareciese en todas las fotos y comparecencias públicas del ministro de justicia hasta que le cayese la cara de vergüenza por jugar de esta manera con el dinero que no es suyo. Y ya sabéis, como se les  llama a los amigos de lo ajeno. Pues aquí tenéis al buen ladrón. El Dimas del gobierno de Rajoy que debería ser el primer cese por haber contravenido con su práctica la política de austeridad que el actual presidente está imponiendo a sangre y sufrimiento a toda la ciudadanía.
Pero antes de encontrarse en el Gólgota de la crisis con el buen ladrón, el crucificado fue traicionado por Judas. Judas en hebreo significa “el elegido”. Y además era el apóstol que se ocupaba de la economía de los discípulos. Era el que llevaba la bolsa, el que protestaba cuando se hacían despilfarros. En nuestro caso, es una Judas (¿debería decir judesa?) y para colmo, gallega como nós: Elena Salgado Méndez. La vicepresidenta económica y ministra de varias carteras durante los dos gobiernos  de Rodríguez Zapatero acaba de ser fichada por Endesa. Se ampara en un subterfugio, una artimaña legal, para saltarse a la torera la incompatibilidad manifiesta que existe para que durante los dos años siguientes a su cese en el gobierno un ministro pueda trabajar o vincularse o asesorar a una empresa privada, beneficiándola frente a otras de la información que le proporcionó su puesto en el consejo de ministros. Con más razón en el caso de Elena Salgado que no era una ministra cualquiera sino vicepresidenta para asuntos económicos. Su traición es legal porque no la contrata Endesa sino una filial de dicha empresa eléctrica en Chile. Es una máscara legal con la que se escapa de la incompatibilidad,  pues al final, la propietaria de la empresa para la que va a trabajar nuestra judesa es una compañía eléctrica española. Nos da el beso, se lleva las treinta monedas de plata que le dará la eléctrica –nos van a  subir la luz así que será a nuestras expensas– pero seguirá cobrando durante dos años el subsidio como si hubiese preservado los secretos y la incompatibilidad de su cargo.
La iniquidad no tiene color. Está allí donde anida la avaricia, la ambición  desmedida y el abuso. Hay que desenmascararlos, denunciarlos, apuntarles con el dedo cuando pasen ante nosotros. No se inmutarán porque son inasequibles al honor. Pero haremos que se avergüencen las personas de bien que haya en su entorno: sus familiares, sus amigos, sus compañeros de partido y de gobierno, llegará un momento en el que no serán nadie. No serán nada. Ni tan siquiera un ladrón o un judas.

jueves, 22 de diciembre de 2011

El gordo del Banco Central Europeo

Oh fortuna velut luna, statu variabilis. Ningún día más apropiado que el de la lotería de navidad para recordar los cantos del Beurón, es decir Carmina Burana,–a mi amigo y también redondelano Suso Pérez Varela le atribuyen que les llamó Carmiña Burana y no sé por qué se rasgaron tanto las vestiduras los culturetas por hacer una traducción literal al gallego–. La fortuna, como la Luna, es siempre variable. Ahora les toca en forma de gordo de navidad a los vecinos de Grañén, lo cual quiere decir que no nos toca a nosotros, los de Redondela. También les tocó a los bancos a los que el Banco Central Europeo acaba de soltarles la nada despreciable cifra de 500.000.000.000 de euros. Dicho en román paladino: quinientos mil millones de euros. Un préstamo al uno por ciento de medio billón de euros. Esto me plantea una receta fantástica para acabar, de un plumazo, con un millón de parados: présteles el Banco Central Europeo quinientos mil euros a cada parado, al uno por ciento a tres años, para que se los preste al nuevo ministro de Economía en forma de deuda del Estado. Y he aquí que, de repente, tenemos un millón de rentistas dándose de baja de las listas del Inem, que con los veinte mil euros al año que ganarían cada uno de ellos con esta operación, dejarían de convertirse en subsidiados para ser acreedores del nuevo gobierno, cotizantes en la Seguridad Social y pagadores del impuesto sobre la renta de las personas físicas. Al fin y al cabo, los bancos europeos es lo que hacen cada vez que el Banco Central les hace regalos de esta naturaleza, perdón, quise decir, préstamos. La diferencia entre una operación y otra es que, la lotería de los préstamos al 1 por ciento en vez de beneficiar a unos pocos, dejaría sin agobios a un millón de familias.

miércoles, 15 de junio de 2011

Un giro de 360 grados

Qué poca diferencia hay, en ocasiones, entre la física y la política. Pongamos, por caso, el término revolución. La revolución en la física es desplazar un objeto sobre un eje, provocándole un giro de 360 grados. Es decir, que tras dar una vuelta completa, acaba en el  mismo sitio. En política una revolución es exactamente igual que en la física con la única salvedad de que, por lo general, el regreso al punto de partida se produce después de dejar un reguero de sangre. He aquí los hechos: la guillotina, aquella máquina humanitaria que ahorró a los familiares de los reos de muerte ver como sus parientes condenados eran quemados, desmembrados, descuartizados, ahorcados, crucificados o decapitados, dejó regueros de sangre, la borbónica incluida, para que al final llegase un emperador; la revolución soviética no fue menos sanguinaria y el resultado final poco cambió  -Rusia sigue siendo un país empobrecido por su riqueza, en manos de unos pocos-; ¿y la  sangre derramada para conseguir los derechos de los trabajadores? ¿Para acabar con interminables jornadas de quince o más horas? ¿Para poner fin a la explotación infantil? Se ha ido por los sumideros, por las alcantarillas de las ciudades chinas.
Así pues, mientras los ciclistas recorrían las etapas  del “Giro de Italia”, en las puertas del sol de toda España asistíamos a otro giro de 360 grados, al final del cual hemos llegado al punto de partida. La democracia real, aquella que debería meter en la cárcel a los causantes de una crisis provocada por la avaricia desmesurada, sigue siendo una fantasía. Un sueño de campistas urbanos que por unos días pensaron que se podía cambiar el mundo. Y cierto. Se puede y se debe cambiar el mundo. Pero está claro que ese no era el camino.

viernes, 21 de enero de 2011

Yo también habría votado a favor de Barrabás



Estamos en un tiempo de crisis. No es el primero ni será el último. En tiempos como éste, de masivos despidos, de famélicas legiones, de negros horizontes para quienes ya es negro el presente, suelen aparecer los mesías, los salvadores de la patria, los magos con un conejo en la chistera que dicen que se comen las cifras de desempleados con la misma facilidad que sus congéneres acabaron con los pastos en Australia.
No hay nada más peligroso para una comunidad que le aparezca un mesías, un salvador de la patria, un mago con chistera. A la Alemania que naufragaba tras la Gran Guerra le surgió un señor bajito y con bigote a lo Charlot, que convirtió ese desastre colectivo que fue la República de Weimar con una inflación en la que los precios se multiplicaban por mil en el tiempo se guardaba una cola ante la carnicería, en otro mucho mayor. Eso sí, entremedias hizo vivir el espejismo de una prosperidad armada de autoestima a un pueblo que había sido humillado y arruinado económicamente por el Tratado de Versalles y que se habría recuperado sin la necesidad de Adolfo Hitler como lo demostró en la posguerra siguiente, de la mano de Adenauer.
A punto de cumplirse el bicentenario de La Pepa, la constitución de 1812, vienen a mi memoria los cientos de mesías y salvadores de la patria que tuvo España en aquel convulso siglo XIX, casi siempre armados de sable y vestidos de uniforme. En el siglo siguiente hubo menos, es cierto, pero no menos patéticos. Sería ridículo preguntarse a estas alturas dónde estaría España hoy día si en 1936 Franco no hubiese dado un golpe de Estado que llevó a nuestro país a 3 años de guerra y a vivir dos posguerras consecutivas: la propia y la de la Guerra Mundial y que situó la economía española en el año 1950 a la era de las cavernas. Seguramente, la proverbial neutralidad española, mantenida en el conflicto mundial anterior, habría ayudado a que nuestro país hubiese encarado el paso del ecuador del siglo XX en una situación económica de privilegio y no de precariedad y aislacionismo. Los salvadores siempre, siempre, terminan por dejar las cosas mucho peor que cuando las encuentran.
Por suerte para nosotros, tenía razón Carlos Marx cuando decía que la historia se repite, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. La tragedia fue Franco, la farsa fue Tejero y los salvadores de la patria emboscados tras él, como siempre, armados de tanques y ornados de charreteras.
A veces escucho por la calle una frase muchas veces repetida: “No puede ser cierto que en España haya tantos millones de parados. Porque si los hubiera, aquí se armaría otra guerra”.  Pues sí los hay. Caminamos lenta pero inexorablemente, hacia los cinco millones de parados. ¿Cómo se sostiene una economía y una nación con cinco millones de parados, el veintitantos por ciento de su población activa? El sistema capitalista se sostiene sin problemas. Porque entre otras cosas, basa su eficacia en disponer de lo que los teóricos llaman “el gran ejército de reserva” es decir, millones de parados con los que ajustar salarios, ampliar jornadas y mejorar la competitividad no sobre la base de aumentar la calidad y el conocimiento, sino a costa de reducir la plusvalía que reporta el trabajo al obrero. Es algo tan clásico que David Ricardo lo acuñó como la Ley de Bronce de los Salarios. Así que, el capital, causante de esta crisis por su codicia desmesurada, puede estar tranquilo. Pero ¿y nosotros? Seremos más pobres, pero que Dios nos libre de otro mesías. Yo, personalmente, y a la vista de la experiencia, os aseguro que habría votado a favor de que liberasen a Barrabás.