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lunes, 4 de mayo de 2015

Renfe, una operadora que cree que operar trenes es deshacerse de ellos


La flexibilidad es una de las virtudes del transporte ferroviario. ¿Más viajeros? Mas coches de viajeros. Algo de lo que se han olvidado en Renfe Operadora. En otras operadoras europeas no sucede lo mismo. ©F.J.Gil
¿Qué diríais de un tendero que cierra las puertas de su negocio ante las narices de un montón de clientes que hacen cola para entrar en él?

¿Qué diríais de ese tendero, si añado que perdió dinero, un año más, en 2014?

Un tercer dato. ¿Por qué le importa poco tener más clientes a pesar de las pérdidas? Porque la tienda, no es su tienda: Es nuestra tienda.

Esta es la historia de Renfe Operadora, que cerró 2014 con 209 millones de euros de pérdidas. Un ejercicio en el que, teniendo más trenes y viajeros que en 2013 perdió más. Es decir, que los comerciales y financieros de Renfe Operadora no saben cuadrar las cuentas de sus trenes, nuestros trenes, y para colmo, han conseguido que aumentar el número de billetes vendidos les represente también, incrementar las pérdidas. ¿Cómo es posible?

Por si algún directivo de Renfe lee el “Redondelan Express”, le vamos a dar las pistas de por qué se produce ese desastre.
Muchos usuarios del tren se quedaron sin billetes esta pasada Semana Santa y el más reciente puente del 1 de mayo para venir a Galicia (A Coruña, Santiago, Vigo, Pontevedra, Ourense, Redondela…) desde Madrid y Barcelona. El cartel de completos lucía desde semanas antes, como si se tratase de conciertos de afamados cantantes. El ministerio del ramo convirtió ese despropósito en una noticia positiva: ¡Qué buenos son nuestros trenes que se llenan! Vaya disparate. En su afán por competir con el avión en precios (que no en tiempo), la Renfe ha convertido sus trenes en aviones: es decir, vehículos para viajar con un número limitado de plazas, frente a la Renfe de hace dos décadas o tres, que nunca o casi nunca colgaba el cartel de completo en las taquillas de sus estaciones.

¿De qué se han olvidado?

Se han olvidado de una cosa que llevan los trenes entre los topes: el enganche. Si sabes que en Semana Santa, Carnaval, Navidad, víspera de vacaciones, etcétera vas a tener el doble de clientes, enganchas el doble de coches a la locomotora. Los costes laborales son los mismos (un maquinista y un revisor), y los de combustible un poco mayores, pero, vamos que con el petróleo más barato que el año pasado, ese ligero mayor consumo es una minucia y a cambio puedes duplicar los ingresos por cada tren.

Se han olvidado de otra cosa, también muy importante. De los trenes. Por si el presidente de Renfe, Pablo Álvarez no lo sabe, trenes son esas cosas que van por las vías y que llevan una locomotora delante y luego tantos furgones, coches de viajeros… como el operador ferroviario quiera poner detrás para cargarlos de viajeros, equipajes, etcétera. También hay trenes de mercancías. En Estados Unidos, el paraíso de las carreteras y de los grandes camiones, la mayoría de las mercancías se mueven en trenes kilométricos y las compañías ferroviarias ganan dinero. Aquí no. Cada año hay menos mercancías viajando en tren. Desde el 19 por ciento de la década de 1970 al 4 por ciento actual. Todo un record.
Composición del Atlántico Expreso en la estación de Chamartín, en Madrid, a punto de recibir la orden de salida. La fotografía es de 2001. Hoy ya no existen expresos con material "convencional". ©F.J.Gil

Pero Pablo Álvarez, al igual que sus últimos predecesores, se ha olvidado de los trenes. Ya casi no tiene. Hace unas semanas firmó el acta de defunción al último expreso nocturno, el Estrella Costa Brava, entre Barcelona y Madrid, pese a que iba lleno. En Galicia ya no queda ninguno. Solo el rápido de Hendaya, diurno, circula con lo que ahora llaman “material convencional”, es decir un tren. A cambio, llenó el horario circulaciones con Madrid y Barcelona de talgos y entre los talgos, sobre todo de un engendro mecánico como son los Alvia 730, de los que hay no sé cuántos diarios entre Madrid y Galicia. Carísimos de construir, carísimos de mantener y con un consumo desproporcionado a los servicios que prestan. Basta aportar un dato: los Alvia 730 son los trenes que circulan por líneas de alta velocidad con el coste por plaza de viajero más caros del mundo. Podéis comprobarlo echándole un vistazo a la Ferropedia.
El último expreso de verdad que circuló por Galicia fue el de Barcelona. El mítico Shanghai, al que vemos en la antigua estación de Vigo antes de salir. Fue sustituido por un tren hotel, que ahora es algo menos de hostal, pero sus billetes cuestan a precio de Parador. ©F.J.Gil

Así, nos encontramos con dos relaciones diurnas diarias entre Galicia y Madrid, que entre Madrid y Ourense van en doble composición. Cada nueve coches talgo, con una capacidad para transportar 262 viajeros, lleva cuatro máquinas: una locomotora eléctrica y un motor generador diésel en cada extremo de la composición. Como entre Madrid y Ourense (o viceversa), van unidas dos ramas, nos encontramos que los trenes diurnos a Galicia arrastran, por cada quinientos viajeros el peso y el consumo de ocho máquinas cuando hace menos de cinco años, les bastaba una locomotora.
El Alvia 730, el híbrido de Pepiño Blanco, un disparate sobre ruedas que circulará durante décadas hasta que se pueda amortizar su carísima construcción. ©F.J.Gil

Pepiño Blanco que era el ministro de la Renfe pero también el ministro de Adif, quería a toda costa que en Galicia se oliese la alta velocidad, aunque no hubiese vías y por eso promovió la creación de ese engendro mecánico que tan trágicos recuerdos tiene para muchos porque, claro, hacer un tren ligero, que por eso es un Talgo, con los extremos tan pesados es poner sobre la vía un disparate con ruedas. Lo peor es que la ministra actual de Fomento, también es más pastor de Adif que de Renfe y no solo sigue utilizando esos trenes, sino que duplicó las frecuencias. Y como donde hay pastor no manda oveja, el presidente de Renfe acepta encajar en su gráfico de horarios trenes con los que cada viaje le resulta una ruina económica.

Hay una tercera parte en todo esto. Los Alvia 730 pagan al Adif un peaje por pisar la vía convencional y otro, muchísimo más caro, por hacerlo por las vías de alta velocidad. Por la vía que sale más barato viajar, consume muchísimo y solo para alcanzar una velocidad máxima de 180 kilómetros por hora, cuando la locomotora 354 que arrastraba el mismo número de coches en la década de 1990 y hasta mediados de la de 2000 podía llegar a 200 con mucho menos consumo y una tecnología de principios de la década de 1980. Y por la vía del AVE no solo paga peaje a precio de autopista, también porque el Adif les cobra los miles de kilovatios que hay que echarles de comer a los 6 526 caballos que chupan corriente de la catenaria.   

Así pues, tenemos una relación de viajes a Madrid en la que el coste por viajero es carísimo y otra en la que es muy económico, los trenes nocturnos, pero que no quieren, no saben y no tienen con qué aprovecharla. No quieren, porque les dijo su Pastor que hay que quitarse de en medio los trenes nocturnos para que los viajeros vayan en AVE, no sea que cuando se inaugure la línea salga la cosa farol. No saben, porque se han olvidado de que para tener clientes, lo primero que hay que hacer es darles algo. Y si no les das ni la más mínima posibilidad de comprar un billete porque, han reducido el tren nocturno a la mínima expresión, el viajero, espantado se va al autobús o al coche propio. No se va a los trenes diurnos, que no se equivoque el señor Álvarez: porque al viajero que quiere estar en Madrid a las 9 de la mañana, o a las diez, Renfe le ha cerrado prácticamente toda posibilidad, mientras que las compañías de autobuses han abierto sus puertas felices a esa nueva clientela que el operador público espanta.

Y por último, aunque el presidente de Renfe recapacitase y se diese cuenta de la encerrona en la que lo han metido sus colegas del Adif y sus jefes de Fomento, no tiene manera de enmendarla, al menos durante su mandato. Porque Renfe, supongo que inspirada por Fomento, ha entregado todos sus servicios a un sistema constreñido de trenes en los que no cabe la flexibilidad de las composiciones convencionales de locomotora y coches de viajeros.

Talgo es una magnífica empresa ferroviaria. Española, con patentes españolas y con trenes con unas prestaciones dignas de admiración en un tren articulado ligero (salvo el Alvia 730, que es articulado pero no ligero). Pero para ciertos servicios un inconveniente. Su estructura de composición. No se organiza por el sistema convencional de una locomotora y tantos coches como sean necesarios para realizar una circulación. Se organiza por ramas que se montan como un puzzle en el taller, con siete, nueve, once coches. Así pues, los trenes hotel, que ahora son trenes hostal, tienen un número limitado de plazas y si Renfe quiere aumentarlo, ha de ser duplicando la rama, es decir, pasar de siete a catorce o mandarlo al taller de Talgo para que le pongan o le quiten algún coche.
Este es el último tren que queda en Galicia y uno de los pocos en activo en España: el rápido de Bilbao e Irún. Dicen que sus días están contados. ©F.J.Gil

Así pues, en un mundo en el que la información es tan precisa y tan rápida que se puede conocer en tiempo real hasta el último minuto cuántos viajeros va a tener un tren, esa información, que es poder para cualquier empresa, para Renfe no es nada. Cuando a Renfe se le llena un tren quince días antes de que salga de la estación de origen, como viene sucediendo en los últimos años, en Semana Santa o en Navidad, en junio y en septiembre, lejos de reforzar ese servicio ampliando el número de coches, se limita a cerrar el kiosco en las narices de los viajeros que se quedan sin billete. Y todo porque pese a que el tren es el modo de transporte más flexible en cuanto a capacidad, Renfe ha optado por trenes rígidos.

Cuando yo era estudiante allá por la década de 1980, y todo se resolvía mediante “venta electrónica” que era un complejísimo sistema de enormes computadoras que, si los comparamos con lo que hay hoy, tenían menos capacidad de cálculo que una gameboy, Renfe echaba cálculos y al llegar los días punta, el expreso Rías Bajas podía pasar de tener trece coches a veinte. Duplicaban el número de coches de primera clase, triplicaban las literas y los de segunda. No digo ya cuando se producía un cambio de reemplazo de la mili, que entonces salían coches especiales, todos de segunda clase, desde Pontevedra. ¿Qué quiero decir con esto? Que había gestión del día a día de los trenes. En la estación de Vigo siempre existía un “stock” de coches de distintas clases, por si resultaba necesario reforzar un tren. Hoy es imposible. De entrada, la flamante estación de Vigo, esa que se vende como la más grande de Galicia, tiene seis vías para atender los trenes que entran y salen, pero no podrá disponer de un espacio para trenes de reserva o incluso trenes de reemplazo para posibles averías. Me pregunto de dónde saldrá el tren de socorro en caso de que un tren se averíe en medio del túnel de As Maceiras, o que se vaya la luz.

La actual estación de Vigo no cuenta con vías de depósito para disponer ni de coches de viajeros ni de trenes de refuerzo. ©F.J.Gil
La informática brinda a los gestores de este modo de transporte la oportunidad de saber en tiempo real el número de viajeros. Si una semana antes ya están cubiertas las plazas de una clase o de un tren completo, tiene que ser capaz de reforzar su oferta. Ya no solo por una cuestión meramente comercial, porque un tren más largo representa mucho más beneficio. Se abarata el coste por viajero y redunda, a la larga en la posibilidad de realizar ofertas mucho más competitivas que el avión que, al fin y al cabo, no tiene posibilidad de incrementar su número de plazas.


Cuando el presidente y los directivos de Renfe Operadora, una empresa que tendría que ser mucho más moderna y competitiva y prestar mejores servicios que su madre “La Renfe”, se den cuenta de que su negocio está en los trenes y no en los aviones sobre raíles, entonces le cuadrarán mejor las cuentas.

jueves, 25 de julio de 2013

El lado oscuro de la alta velocidad

El Alvia 730, un tren híbrido, protagonizó el mayor desastre ferroviario en vías gallegas.
El miércoles 24 de julio de 2013 pasará a la historia del ferrocarril de Galicia como el día más negro y trágico. Es el más grave de los 25 accidentes ferroviarios ocurridos desde que en 1873 salía de la estación de Cornes el primer tren gallego camino de Carril. Pero no solo se constató un triste récord por el número de muertos. Se ha dado un salto cualitativo en la siniestralidad ferroviaria en nuestro país. El que afecta a los trenes de alta velocidad. Si lo comparamos con las cifras que muestran todos los accidentes en las vías gallegas, o incluso en las vías españolas, éste ha sido el más terrible de todos ellos.
¿En qué sentido supone una mayor tragedia este accidente de Santiago? En que, por primera vez un accidente ferroviario supone un drama similar a un accidente de aviación, con un porcentaje de víctimas que supera el 94 por ciento de la totalidad de los ocupantes del tren entre muertos y heridos. Ni siquiera el ocurrido en Torre del Bierzo, el 3 de enero de 1944 y que causó, según algunas fuentes, alrededor de 500 muertos había alcanzado esa tasa tan elevada de víctimas. Hay que recordar que en aquel accidente ocurrido cerca de la estación leonesa, viajaban en el correo Madrid-A Coruña más de 900 viajeros, incluso se llegó a hablar de más de un millar, y en el siniestro estaban implicados dos trenes y una locomotora más, y que algunos de los coches de viajeros del correo ardieron en el interior de un túnel.
La vulnerabilidad de los viajeros de un tren de alta velocidad se ha puesto de manifiesto en este accidente. El tren híbrido que presta este servicio ferroviario diurno entre Madrid y Ferrol es un Alvia 730, cuya serie compuesta por 15 unidades es fruto de la reforma de trenes de la serie 130, a los que se le sustituyeron dos de los once coches de viajeros por sendos furgones generadores diesel que permiten que estos trenes viajen indistintamente por líneas electrificadas o por trazados en los que carecen de catenaria. La dualidad del 730 lo es también en su capacidad para circular por vías de ancho ibérico y de ancho internacional, gracias a un sistema de rodadura desplazable y también para circular bajo catenaria en vías convencionales que se alimentan con corriente continua a 3.000 voltios y en vías de alta velocidad que utilizan corriente alterna a 25.000 voltios. Pero hay otras dualidades que jugaron en contra de este tren y han contribuido a que el siniestro alcanzase la trágica dimensión que han vivido los más de 220 ocupantes que viajaban en él ya fuera como usuarios o como tripulantes:  el 730 es un tren ligero, muy ligero, como corresponde a los talgos, embutido entre dos cabezas tractoras muy pesadas: no solo las locomotoras que lleva a ambos extremos de la composición, sino también los dos furgones generadores que permiten que pueda alimentar los motores eléctricos cuando circula por la vía no electrificada, que es la mayor parte del trazado entre Madrid y Ferrol o entre Madrid y Vigo. Un análisis de las imágenes del desarrilamiento tomadas por la cámara que captó el momento del accidente y que fueron emitidas por casi todos los medios evidencia este hecho. No es ni la cabeza tractora ni el furgón generador los que saltan en la curva, sino el primer coche de viajeros, que salta y provoca el descarrilamiento del resto de la composición.
La otra dualidad adversa es el paso de un sistema de seguridad que puede reducir automáticamente la velocidad máxima del tren en aquellas zonas que existen limitaciones específicas, conocido como ERTMS a otro en el que solo se da el frenado automático cuando el tren se salta una señal en rojo y que se denomina ASFA y es el que predomina en la red convencional.
Algunas declaraciones, sobre todo de representantes sindicales y de maquinistas, pusieron énfasis en el hecho de la diferencia de sistemas de seguridad y que la vía de alta velocidad entre Ourense y Santiago tiene el sistema ERTMS hasta 4 kilómetros antes de llegar a la estación compostelana, tramo en el que la conducción es regulada por el ASFA. Tienen razón. Pero también es cierto que un tren tan híbrido, preparado para circular por líneas convencionales y de alta velocidad, tiene que tener un equipo de conducción atento a esa dualidad y que una cosa es ir por la vía del AVE y otra por una vía normal y que si llevaba conduciendo trenes por este trazado desde hacía un año, no le podría pillar por sorpresa una limitación de 80 kilómetros por hora en una curva que lleva ahí desde la inauguración de la línea.
La diferencia de velocidad entre la permitida y la real del tren era tan excesiva que hace difícil pensar que haya sido fruto de una frivolidad del maquinista, como muchos medios pretenden dejar entrever al incorporar a sus informaciones la cuenta del Facebook del conductor del tren en el que había agregado una foto del tacógrafo de su tren marcando 200 kilómetros por hora. Es un tren que está habilitado para viajar a 250 y no constituye ningún indicio que el maquinista hiciera comentarios sobre la velocidad a la que viajaba en un tren en el que puede hacerlo. Hay que escuchar su versión y comprobar los datos que aporta la caja negra. Podría suceder, por ejemplo, que el freno no le hubiese respondido cuando llegó el momento en el que tendría que haber reducido la velocidad para cumplir con la limitación de la curva. Con ASFA o con ERTMS, los trenes llevan un dispositivo que registra en todo momento la velocidad a la que van y duplicar el límite permitido al frente de un tren de viajeros es una imprudencia que alcanza ya la consideración de delito. Es difícil pensar que alguien con dos dedos de frente y una treintena de años de servicio se juegue la cárcel por una acción tan temeraria.
Hasta que no se conozcan los detalles exactos de las investigaciones todo es pura especulación. Solo hay una certeza: la seguridad de estos trenes no es que haya quedado en entredicho, es que se encuentra bajo sospecha. Los hechos son tajantes: 79 muertos y 130 heridos: 209 de los 222 ocupantes del tren han sufrido las consecuencias de un descarrilamiento a alta velocidad.

jueves, 26 de julio de 2012

A grandes líneas grandes remedios

Renfe hizo un doble estreno el pasado mes de junio. Por un lado, los trenes híbridos, una especie de pastiches que tienen como mérito recorrer tramos de alta velocidad, y líneas convencionales sin cambiar de locomotora y que desde entonces prestan el servicio de rápido diurno desde A Coruña y Vigo y Pontevedra hasta Madrid y viceversa.  Por otro un servicio interregional entre Vigo y Madrid, pasando por Monforte, Venta de Baños, Medina del Campo y Ávila. Los chicos del departamento de marketing de Renfe les han puesto el nombre de Alvia e Intercity a tales trenes y suponen un cúmulo de despropósitos, a cada cual peor.
El interregional a su paso por la estación de Frieira. ©F.J.Gil.


Por ejemplo. El intercity en realidad es la resurrección del viejo tren correo, con parada en todas las estaciones, que se inauguró en la segunda mitad de la década de 1880 y mantuvo su servicio durante casi cien años. La última vez que lo cogí se llamaba Tren Postal Galicia Asturias Madrid Vigo, a finales de la década de 1970 y tenía la grandísima ventaja para mí, que cogía el tren no para ir a un sitio o a otro sino solo para disfrutar del viaje, que era lentísimo: paraba en todas las estaciones cargando y descargando paquetes y sacas de correo. Desde Guillarei a Vigo necesitaba casi una hora y a veces más. Hoy, ese servicio está prestado por una moderna unidad eléctrica de la serie 449, capaz de alcanzar una velocidad de 160 kilómetros por hora, gracias a lo cual el viaje, con paradas en todas las estaciones y la mayoría de los apeaderos, se despacha en diez horas y 20 minutos. Este servicio impropiamente llamado Intercity (comercialmente esa denominación se empleó durante años para señalar los rápidos diurnos y casi directos entre ciudades, es decir todo lo contrario que este tren), es en realidad un servicio interregional que conecta ciudades y villas que de otro modo no tendrían una relación ferroviaria coherente: por ejemplo, viajar de Vigo a Ávila o a Arévalo (si no coge con retraso se puede llegar a tiempo a comer un cordero) o una de las relaciones ferroviarias más largamente demandadas, más de cien años: la conexión Vigo-Valladolid. Sin duda, esta nueva oferta ferroviaria es un gran acierto de Renfe. Entonces, ¿dónde está la crítica? Pues en los precios. El precio es desproporcionado para un tren con paradas en todas las estaciones. Un tren lento no puede ser más caro que un rápido. En cambio, si un viajero que sale de Vigo quiere ir a Palencia, le resulta más barato coger el Rápido de Bilbao que este tren. ¿Por qué? Los designios de los cerebros comerciales de Renfe son inescrutables.

En cuanto al Talgo Híbrido, es un disparate carísimo que pagan todos los usuarios de Renfe, para compensar que el coste de su puesta en marcha no se repercuta en los viajeros de este servicio a Madrid. ¿Será por eso que sale tan caro ir en el interregional, que es un tren ecológica y económicamente sostenible como en este disparate de engendro mecánico?

A grandes males, los de grandes líneas, grandes remedios. Es para llorar.

lunes, 11 de junio de 2012

Se coge antes a la Renfe que a un cojo

Cuatro días a la semana, los vigueses tendrán que ir a coger el tren de Barcelona a la estación de Ourense. ©F.J.Gil
Hace unas semanas, a propósito del híbrido chapucero que iba a prestar el servicio diurno entre A Coruña y Vigo con Madrid, ponía de manifiesto el despilfarro que suponía que un tren que antes utilizaba una locomotora en el 80 por ciento de su recorrido ahora tuviese que llevar encasquetadas cuatro: dos para la composición que va A Coruña y otras dos para la que viene a Vigo y Pontevedra. Semejante despropósito, para adelantar unos minutos no iba a resultar gratuito para los usuarios del tren en Galicia. Ahora ya tenemos la certeza. Renfe acaba de anunciar que el servicio diurno con Barcelona dejará de existir de manera diaria para realizarse en días alternos. Alternos que se alternarán Vigo y A Coruña (tres para Vigo y cuatro para A Coruña), como si Renfe quisiera convertir los servicios de viajeros en una especie de derbi para que ambas ciudades atlánticas tuviesen que disputarse el favor de la compañía ferroviaria. Ya os adelanto que en esa pugna, perderá Vigo, por la sencilla razón de que la gerencia de Renfe en Galicia se encuentra en A Coruña. No puede haber otra explicación cuando en esta relación transversal entre Galicia y la Ciudad Condal, mientras Vigo y su área de influencia aportan 4.200 viajeros, A Coruña y la suya, tienen doscientos pasajeros menos, según los datos contabilizados por UGT en el último semestre comprendido entre los meses de noviembre de 2011 y mayo de 2012.
El Alvia diario y diurno entre Vigo y Barcelona llevaba en servicio poco más de tres años y medio a un precio desproporcionado con respecto a las ofertas que podían encontrarse en cualquier página web para el mismo viaje en avión. El tren no puede ser un medio de transporte caro. No tiene otra explicación que una deficiente política comercial y una mala gestión, basada en gastar miles de millones de pesetas en trenes nuevos que luego retiran de la circulación.
El Alvia diario y diurno no solo une las ciudades de Vigo y Barcelona. En su recorrido, permite conexiones intermedias de gran interés: León, Palencia, Burgos, Vitoria, Pamplona, Zaragoza o Lleida. Ahora, cuando desaparezca el servicio directo en días alternos, y por tanto empeore el servicio por la necesaria realización de un transbordo desde un tren regional que lleve hasta Ourense donde habrá que coger el Alvia que sale de A Coruña, ¿se abaratará el precio? Seguramente no. Renfe basa su política comercial de monopolio en  abaratar la calidad, empeorar el servicio, pero nunca reduciendo el precio. No le cuadrarían las cuentas.
Para los viajeros de la provincia de Lugo la noticia es mucho peor. Hasta el momento de realizar esta sustitución, salía de A Coruña un tren rápido que enlazaba con el Alvia en Monforte, previo paso y parada en Betanzos, Curtis, Guitiriz, Lugo y Sarria, que sin duda se quedarán sin ese servicio. Galicia tendrá menos servicio ferroviario. Eso sí. Dispondrá de un híbrido para llegar antes a Madrid. No antes que en avión, ni que en coche, ni más barato. Pero correrá como un demonio, despilfarrará combustible como si fuese un AVE y lo pagarán los viajeros que ya no podrán ir directamente a Barcelona, ni a Palencia, ni a Burgos, ni a Pamplona ni a Zaragoza.
¿Cuál será el siguiente paso? Está cantado: cargarse el tren hotel Vigo-Barcelona. Nos quitaron el Shanghai, que era el único expreso de verdad que todavía quedaba en Galicia, con departamentos sentados, literas y camas a cambio de un tren hotel. La disculpa perfecta para disuadir a los viajeros porque el precio se disparó de manera inconcebible. ¿Cómo se explica que a un viajero que va sentado en una butaca pague 75 euros si va en un tren que invierte 13 horas y media y en cambio tenga que pagar 30 euros más en un tren que tarda casi 15 horas?
Las cuentas de Renfe, como los designios del Señor, son inescrutables. Eso sí. Sea como sea, siempre salen perjudicando al viajero. A los mentirosos y a la Renfe se les coge antes que a un cojo.

martes, 22 de mayo de 2012

Tren híbrido, una chapuza sobre raíles

Su aspecto aerodinámico es pura pantalla pues ahorrará 15 minutos a cambio de un derroche de consumo ©F.J.Gil
Desde hace unos días rueda por las vías gallegas un engendro mecánico que bajo el nombre de Tren Híbrido va a sustituir al talgo diurno que enlaza las ciudades gallegas con Madrid. Su construcción es el ejemplo del disparate promovido por políticos que se preocupan más de un titular, de una foto, que de la salud económica de su país y del servicio a sus ciudadanos.
No es un tren nuevo, como se puede ver por las fotografías. Se trata de los mismos talgos que hoy día circulan entre A Coruña y Vigo con Madrid, en horario diurno a los que les han colocado dobles cabezas tractoras a cada extremo. Cada doble cabeza tractora lleva una locomotora eléctrica que toma la corriente de la catenaria cuando ésta existe y un complemento que es un generador diesel que le aporta el suministro eléctrico cuando circula por vías no electrificadas. En esencia es lo mismo que las locomotoras diesel eléctricas, que alimentan la tracción eléctrica con un generador diesel, y que circulan en España desde la década de 1950, pero mucho más caras y con muchísimo más consumo de energía para conseguir más velocidad. Pero no mucha más porque no es cuestión de potencia sino de trazado.
Tras tan ostentosa cabeza tractora se encuentra el talgo que ya presta hoy día ese tipo de servicios. ©F.J.Gil
Para cuando entre en servicio el tren híbrido, los viajeros no notarán ningún cambio en el confort con respecto al tren que tienen en la actualidad. En cuanto a velocidad, tampoco mejorará en las líneas electrificadas ya que las locomotoras que dan tracción a estos trenes en las mismas hoy día, van a toda la velocidad que les está permitido circular. ¿Y en el tramo sin electrificar? Pues tampoco mejorarán a las antiguas locomotoras Talgo de la serie 354 que erróneamente Renfe no fue reponiendo cuando sufrieron bajas por accidentes diversos y averías en las décadas pasadas. Por el contrario: incrementaban las composiciones remolcadas de material talgo (trenes diurnos, trenes hotel...) lo que suponía una modernización, pero en cambio se recurría a locomotoras más antiguas para arrastrarlos.
El tren articulado ligero se ha convertido en un armatoste, un engendro de tragar combustible ©F.J.Gil
Entonces. ¿Dónde está la ventaja de este tren híbrido? En que cuando llegue a Medina del Campo donde se produce el cambio de tracción (de eléctrica a diesel cuando viene a Galicia y al revés cuando va a Madrid) no necesitará invertir 20 minutos en realizar dicha operación. Solo tendrá que arrancar los generadores diésel de ambas cabezas tractoras, si es que van ambas en servicio, o el de la que esté en el sentido de la marcha, que por cierto también se cambia en Medina del Campo. Así pues. En Medina del Campo, en vez de veinte minutos, tardará 15. Tamaña inversión y gasto energético para ahorrar 15 minutos y que el tren diurno a Madrid, en vez de tardar 7 horas y media entre Vigo y Madrid, pueda hacerlo en 7 horas y cuarto. ¿Merece la pena? ¿Quién pagará la diferencia de consumo y la inversión en el bricolaje realizado a estos talgos para convertirse en trenes híbridos? ¡Qué pregunta más tonta! La pagaremos todos. Renfe ha subido el precio de sus billetes más de un diez por ciento. ¿Es que han subido los salarios al personal? ¿Se ha disparado el IPC de repente? No. Tiene que hacer frente a estos despilfarros y como siempre, el despilfarro de los incompetentes lo pagamos todos.
Y frente a una supuesta ventaja de quince minutos veamos sus inconvenientes. ¿Qué pasa cuando cascan las cabezas tractoras? A diferencia del talgo normal que puede ser remolcado por cualquier tipo de locomotora sea diésel o eléctrica, éste forma una composición “soldada” a sus cabezas tractoras. Ante una avería, los viajeros tendrán que ser trasladados en autobús a su destino y cuando falle uno de los componentes, la unidad completa queda temporalmente fuera de servicio hasta que pase por el taller. El Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol, el talgo, que permitía desarrollar más velocidad a menor consumo le han salido dos enormes y pesadas cabezas. Una doble encefalitis que tira por suelo su condición de ligero y lo convertirá en un mal ejemplo de lo que no debe ser un tren, supuesto modelo de transporte sostenible.
¿Y cómo se segregarán las ramas de Vigo y a Coruña en Ourense? ¿Tendrá que salir de Madrid una doble composición? Ese sí que es un disparate supino. El tren que antes era arrastrado por una sola locomotora ¿va a hacer seiscientos kilómetros con cuatro locomotoras dobles?
¿Dónde está la política de ahorro y austeridad?

viernes, 16 de marzo de 2012

Quien co paga co manda

Los políticos, sean del PP, del PSOE, de Convergencia y Unió o de la Falange Auténtica, de cuando en cuando descubren el Mediterráneo. Por ejemplo, como se les acabó el dinero que les dimos, ese que dedicaron a grandes proyectos destinados a mejorar la calidad de nuestra vida ­–aeropuerto de Ciudad Real, Cidade da Cultura de Santiago, Puerto Exterior de A Coruña, diversas empresas públicas en Valencia, acontecimientos deportivos en Baleares, etcétera– han inventado una nueva fórmula de  recaudación: el co-pago. En esencia, el copago consiste en que volvamos a poner dinero en aquello que ya  habíamos pagado para que nuestros amados políticos puedan seguir haciendo nuevos aeropuertos, más AVE en el país con más vías de alta velocidad  del mundo después de China (en cambio no hay trenes entre Vigo y Ourense o entre Lugo y Ourense), terminar el Puerto Exterior de A Coruña contra viento y marea –y aquí lo digo en el sentido más literal de la palabra, razón por la que A Coruña nunca será Rotterdam– y por supuesto, amueblar los garitos del Gaiás, (también llamado Cidade da Cultura, Valle de los Reyes, Pirámides de Fraga…), con sillas de a 500 euros la unidad.
Copagamos más de lo que os imagináis, amadísimos lectores. Por ejemplo: una mente iluminada acuñó el concepto de líneas aéreas de bajo coste, es decir Low Cost, en la jerga de los que viajan en avión. ¿Son baratos esos vuelos? Mentira monumental. Los usuarios viajan de manera cutre: no les dejan llevar más que un paquetito, les hacen esperar horas y horas y a veces días en los aeropuertos, no les dan ni una gaseosa durante el viaje y los asientos son tipo autobús. Cuando sacan el billete por internet se sienten la satisfacción de haber pagado veinte euros o treinta por un billete que normalmente habría costado doscientos. Pero es puro placebo. Los 180 euros restantes los copagamos todos los que no viajamos en avión gracias a la amabilidad de un memo que tiene mando en la Xunta (el nombre da igual porque en Galicia se viene haciendo desde 2004 y ya han pasado unos cuantos) y que pone la diferencia con nuestro dinero. Ese  dinero que ahora no hay para pagar las recetas de la penicilina, pero sí para que unos cuantos vayan de compras a Londres, en avión, aprovechando que les sale más barato que ir en tren de A Coruña a Vigo y además tarda menos tiempo.
Mi madre que no tiene coche y a quien no le suben la pensión, pero sí la luz, copaga el peaje de la autopista entre Ourense y Lalín, y entre Vigo y O Morrazo, como el resto de los gallegos, para que los políticos queden como príncipes ante sus electores  de Cangas, Moaña, Dozón, Ourense, O Carballiño porque ahora no pagan al pasar por el peaje.
A mí me parece muy bien el copago. Siempre que se cumpla con el principio general del sistema de mercado: si quien paga manda, quien copaga, también. Quiero mi parte de mando en este asunto y exijo que en vez de poner un tren a veinte euros el viaje entre Ourense y A Coruña, pongan cuatro a cinco euros cada uno. Y que entre Vigo y Ourense me pongan media docena más al  día con el dinero que se van a gastar en la variante para que la línea de Alta velocidad que llega a Santiago se conecte para venir a Vigo y que no  deja de ser un parche provisional como lo es, en la actualidad la estación de Guixar. A Pepiño  Blanco, por quien siento gran simpatía, le presumo inocente en el caso Campeón, y así lo creeré mientras no se demuestre lo contrario y acabe en el penal de Monterroso. Pero es culpable del delito flagrante de despilfarro por la chapuza del invento de los trenes híbridos. Carísimos,  con un consumo energético desproporcionado, y todo para que durante  unos años el Talgo a Madrid ahorre, con suerte, una hora. El resto del tiempo que economiza lo podrían ofrecer en la actualidad con poner un TRD de butacas más cómodas.
Perdonadme, porque me fui por las ramas ferroviarias, que es mi teima crónica. La cuestión es ésa. Si estamos en el capitalismo más atroz de las últimas décadas, con despidos low cost, copago sanitario (es decir que pagamos dos veces por el mismo acto), quiero todas las reglas del juego del mercado sobre la mesa y no solo las cartas marcadas con las que nos pretenden colar otro gol. Y ya que no tenemos políticos sino gestores administrativos, alguien tiene que mandar verdaderamente.
¿Qué tal, si de una vez por todas, quienes mandan son los que pagan y no los que cobran?