domingo, 28 de julio de 2013

Rande: el recuerdo de una tragedia

Imagen de archivo, cedida por Cameselle, quien había realizado un impresionante reportaje gráfico del accidente ferroviario de Rande, aquella misma tarde del jueves 9 de septiembre de 1976.
El 9 de septiembre de 1976, Rande se convirtió en escenario de una tragedia. Los protagonistas, una locomotora que salía de la estación de mercancías de Guixar y el tren ómnibus 2735 Santiago-Vigo. Quince muertos, veintinueve heridos, fueron las cifras fatídicas de aquella catástrofe. La conmoción que tal desastre causó en Redondela, en Vigo y en sus alrededores hizo que la que fuera de nuestro ámbito sería considerada la noticia del día, la muerte de Mao Tse Tung, quedase relegada a un segundo plano.
Los hechos ocurrieron pasadas las seis de la tarde de uno de los últimos jueves del verano de 1976. El ómnibus, un tipo de tren que ya ha desaparecido del material rodante de Renfe, estaba compuesto por una locomotora diesel-eléctrica de la serie 318 –la 1817– un furgón y tres coches de segunda clase, de la serie 5.000, la primera de fabricación española. Venía de Santiago con un pasaje heterogéneo formado por más de 120 viajeros: estudiantes que regresaban de hacer exámenes de septiembre, otros que habían ido a Santiago a apalabrar pisos para el curso siguiente y personas que regresaban de hacer gestiones en Pontevedra o habían tomado el tren en alguna de sus paradas intermedias. Con luz verde en las señales de vía en Redondela y todo el tramo hasta Chapela, el convoy había salido de aquella estación pocos minutos después de que una locomotora similar a la que lo encabezaba, la 1813, partiese de la terminal de mercancías Vigo-Guixar con dirección a Ourense. La vía que sale de Guixar discurría paralela a la de tráfico ferroviario de la estación de pasajeros de Vigo entre Chapela y Redondela. Un cambio de agujas en Rande –entonces atendido por un empleado de la compañía ferroviaria– daba cruce a ambas vías. Por razones que todavía hoy se desconocen, la aguja daba paso a la locomotora procedente de Guixar a la vía general en Rande sin que los semáforos de la línea advirtiesen al tren de pasajeros y a la locomotora que llevaban rumbo de colisión, hecho que sobrevino de forma súbita ya que solo cuando ambas estaban prácticamente frente a frente –al salir de una curva – se produjo el encontronazo. Un gran estruendo seguido del chirriar de hierros invadió el ambiente. Uno de los vagones remontó sobre la locomotora 1817 que quedó convertida en un amasijo de hierros retorcidos, fruto del impacto frontal con la 1813 y de la embestida trasera de los vagones que arrastraba. Uno de ellos se precipitó por un terraplén varias docenas de metros hasta caer en un relleno donde se estaba construyendo una factoría pesquera, de la empresa Vieirasa, y partió en dos.
Además de los dos maquinistas de ambas locomotoras y sus respectivos ayudantes la mayor parte de los otros once muertos se produjeron como consecuencia de la caída de ese coche por el barranco, incluidos dos obreros que trabajaban en la construcción contra la que chocó.
El horror
Tras el impacto, llegó el horror. Un testigo de excepción del desastre fue Antonio Reguera, entonces concejal del ayuntamiento de Pontevedra y décadas después presidente de la asociación de comerciantes de la provincia de Pontevedra. La carretera nacional 550 –hoy 552– va pareja al trazado ferroviario y él circulaba muy cerca de donde se produjo el accidente. Con el ánimo de dar auxilio a los heridos bajó a la vía en compañía de dos hombres y dos mujeres que se desmayaron en el acto al ver el espectáculo dantesco de las locomotoras empotradas y los cuerpos de los maquinistas y sus ayudantes tronzados por los hierros, asomándose o colgando de lo que quedaba de las cabinas.
Tras el estruendo del choque se hizo el silencio, que apenas duró unos segundos. Inmediatamente le siguió el llanto, los gritos de dolor, de histeria y de miedo, de los supervivientes y heridos.
Pronto fueron docenas las personas que dejaron sus coches en la carretera, o vecinos de las casas cercanas para dar primeros auxilios mientras no llegaban ambulancias, y servicios de socorro, efectivos de la Guardia Civil y Cruz Roja, así como personal de Renfe que se desplazó al lugar.
La terminal de mercancías de Guixar a finales de la década de 1970, con el barrio del Areal al fondo. Archivo
La noticia llegó a Vigo a través de los informativos de las radios locales: Radio Vigo, Radio Popular de Vigo y La Voz  de Vigo –que pertenecía a Radio Cadena Española–. A partir de las siete de la tarde, empezaron a llegar los primeros heridos la Residencia Sanitaria del Almirante Vierna –aunque todo el mundo le llamaba Pirulí–, hoy Hospital Xeral. A través de las emisoras de radio se lanzaron avisos de socorro, pidiendo donantes de sangre y la solidaridad ciudadana se hizo notar pues en las siguientes horas se recibieron más de 300 donaciones. El entonces alcalde, José Joaquín García Picher, puso la policía local a disposición de los familiares de las víctimas para desplazarse hasta el centro sanitario.
La causa
Tras los primeros momentos de la tragedia, la segunda preocupación en torno al suceso fue averiguar a la causa que había ocasionado el accidente. Después de una somera investigación, Renfe había atribuido el siniestro a un fallo humano. El cruce de Rande estaba al cargo de un guarda agujas que, según la versión oficial, no había dado comunicación telefónica de que la vía principal entre Chapela y Redondela quedaba ocupada para el tránsito de una locomotora que salía de Guixar en dirección a Redondela y que abandonaría en Rande la vía de los trenes de mercancías de Guixar, para seguir ruta a Ourense.
 
No estuvo claro ni en aquel momento ni con posterioridad si ese fue el verdadero motivo o se trataba de una maniobra para eludir la culpa del suceso en un empleado. Para el alcalde y demás autoridades locales, así como para el Sindicato de Transportes (vivíamos todavía la época del sindicalismo vertical), la verdadera responsabilidad estaba en el gobierno y en Renfe, que en la mitad de la década de 1970 estaba en uno de sus peores momentos: material rodante en pésimo estado haciendo los servicios regionales y una infraestructura de seguridad anticuada. El CTC, el centro de control de señales que tenía su sede en Ourense, no llegaba más que a Guillarei y desde ahí hasta Vigo y Guixar, la seguridad de los trenes estaba a merced de un sistema de bloqueo telefónico que dependía de que el personal al cargo hiciese la llamada pertinente a la estación o al puesto de control siguiente, donde daban luz verde, roja o ámbar a los semáforos. Tras el accidente de Rande el Ministerio de Obras Públicas, entonces en manos de Calvo Sotelo, emprendió una mejora en la infraestructura viaria que culminó pocos años después con la electrificación de la vía Vigo-Monforte, la ampliación del CTC, la desaparición de las agujas controladas manualmente en el tramo Rande-Redondela, y la supresión de varios pasos a nivel así como la aplicación del sistema ASFA, un mecanismo que bloquea los trenes si se saltan un semáforo en rojo.
Treinta y seis años después de la tragedia, Rande sigue ostentando el fatídico récord del mayor número de muertos en un siniestro ferroviario en Galicia desde la existencia de Renfe.
 
Nota del autor: este triste récord del que hacíamos referencia en el artículo quedó superado el 24 de julio de 2013, con el descarrilamiento del Alvia Madrid-Ferrol en Angrois, a tres kilómetros de Santiago de Compostela. Sus 79 muertos y 130 heridos lo han convertido en el mayor desastre ferroviario de la historia de Galicia, superando al de Rande y al que el 10 de marzo de 1915 había causado la muerte de 19 personas en Frieira al producirse el desprendimiento de una roca y el derrumbamiento de una trinchera cuando pasaba el correo Madrid-Vigo.
 

sábado, 27 de julio de 2013

Esplendor y lujo en las vías gallegas: el tren Al Ándalus visita Vigo y Redondela


Una doble tracción de locomotoras 319 arrastraba la larga composición del Al Ándalus por tierras gallegas. ©F.J.Gil
Eclipsada tal vez por el trágico suceso de Angrois, cerca de Santiago, la gran noticia ferroviaria gallega del 24 de julio tendría que haber sido la llegada del Al Ándalus, el tren de lujo español de ancho ibérico (su hermano de vía estrecha es el Transcantábrico) a tierras gallegas. Estuvo en Redondela el 25 de julio por la mañana. Salió luego para Pontevedra, regresó después para visitar Vigo y se despediría de tierras redondelanas en su partida casi nocturna rumbo a la estación de A Coruña donde rendía viaje.
La visita de este tren de 450 metros de longitud y 700 toneladas de peso tuvo lugar con ocasión de las rutas turísticas que está haciendo por el Camino de Santiago, desde Zaragoza, con paradas en las ciudades gallegas de Ourense, Santiago, Vigo, Vilagarcía, Pontevedra y A Coruña. El tren tiene capacidad para 64 personas acomodadas en 32 suites, unas estándar y otras de categoría superior. El precio por viajero oscila desde los 2.250 euros por persona en suite estándar doble, a 4.450 para la persona que desee viajar sola en una suite superior. El precio de dicha cabina compartida es de 3.250 euros.


El convoy de lujo pasa por el apeadero de Cesantes poco después de las 10 de la noche del 25 de julio.  ©F.J.Gil

El paso del expreso de lujo despertó una gran expectativa no solo entre los amigos del ferrocarril, que buscaron las mejores posiciones en la vía para fotografiarlo, sino también entre curiosos que se apostaron en las estaciones para verlo pasar y disfrutar de la silueta de un elegante tren que nos devuelve a los tiempos en los que el tren era el gran medio de transporte, tanto para los viajes populares como para los más exquisitos. Sus coches salón y restaurantes, sus coches cama formados por suites en las que la decoración más refinada se aúna con las prestaciones más confortables, constituyen un hito en el turismo ferroviario del más alto nivel. Muchos de los coches que forman esta composición son antiguos Pullman de los Ferrocarriles Andaluces y unidades de la Compañia Internacional de Coches Cama y de los Grandes Expresos Europeos, verdaderas joyas rodantes como las que integran el Venice-Simplón Orient Express y otros trenes de lujo del mundo.
Mientras dejaba Vigo,  los afortunados (y adinerados) ocupantes cenaban en el coche restaurante. ©F.J.Gil 
Segundo viaje:
El tren volverá por las vías gallegas los días 31 de julio, 1 y 2 de agosto. El jueves día 1 de agosto volverá desde Santiago a Vilagarcía, Pontevedra y Vigo, regresando al atardecer desde allí hasta A Coruña. Así pues, lo veremos pasar, de nuevo, varias veces por Redondela.
Si seguís este enlace tendréis más información sobre este tren y sus viajes por tierras gallegas.

No hubo clientes:
Nota de última hora: El segundo viaje del que os hablaba en el párrafo anterior fue cancelado por falta de demanda en el mismo.
 

viernes, 26 de julio de 2013

El ranking negro. Historia de todos los accidentes ferroviarios ocurridos en Galicia

Cada vez que sucede una tragedia, como la vivida en las cercanñias de Santiago la víspera del Apóstol, los medios de comunicación echan mano de los refritos de agencias en los que se hace referencia a los más importantes o a los más recientes siniestros ferroviarios. De nuevo he visto, al igual que muchos de vosotros, que se olvidan de citar los que hasta la fecha habían sido los accidentes más graves ocurridos en las vías gallegas: el de Rande, en 1976 y el ocurrido en Frieira en 1915. He intentado ser exhaustivo con el objetivo de ofrecer todos los accidentes con al menos un muerto ocurridos en la historia de los que se tiene constancia escrita y he añadido alguno más con solo heridos, cuando éstos eran en un número igual o superior a 20. La principal referencia para la redacción de este artículo fue el minucioso y magníficamente documentado trabajo que realizó Manuel José Marcos Montero y que en 303 páginas desarrolla el listado completo de todos los siniestros ferroviarios sucedidos en España. Con el fin de no hacerlo muy pesado, se hace una referencia muy sintética de cada uno de los accidentes. En esta lista no se incluyen los arrollamientos en pasos a nivel.
 
En total, en 140 años, los accidentes ferroviarios han causado 170 muertos en las vías gallegas. Cada víctima es un drama, ciertamente, pero por suerte, la tasa de siniestralidad es muy baja, inferior a cualquier otro medio de transporte, incluso el ir a pie, pues ha sido mayor el número de peatones fallecidos en apenas unas décadas, que el de viajeros de tren en casi siglo y medio.
 
La lista está desarrollada de mayor a menor número de víctimas mortales.
 
2013. 24 de julio. Descarrila un tren Alvia 730 en Angrois, cerca de la estación de Santiago de Compostela, causando 79 muertos y 130 heridos. El tren tomó una curva limitada a 80 con una velocidad de 190.





El tren Hotel Madrid-Vigo llega a la estación de Frieira. ©F.J.Gil

1915. 10 de marzo. El desprendimiento de una enorme roca en una trinchera en la vía entre las estaciones de Frieira y Filgueira causa graves daños al ténder de la locomotora y varios coches de viajeros del correo Madrid-Vigo. Los hechos se produjeron a 3 kilómetros de la estación de Frieira, en el municipio pontevedrés de Crecente, causando 19 muertos y 25 heridos. Entre los muertos se encontraban el director y varios artistas de una compañía de zarzuela que tenían previsto actuar en A Guarda.
Un Nexios pasa cerca de donde se produjo el accidente de Rande en 1976. ©F.J.Gil
1976. 9 de septiembre. Choque frontal de un tren ómnibus procedente de Santiago con dirección Vigo y una locomotora que había salido de Vigo e iba en dirección a Redondela. El accidente, que tuvo lugar en Rande, entre las estaciones de Chapela y Redondela causó la muerte de 15 personas y 35 heridos. Podéis leer más sobre este suceso en la entrada del blog: "Rande, el recuerdo de una tragedia".
1952. 20 de mayo. Choque del expreso Madrid-Santiago con un grupo de vagones que se habían desenganchado de un tren de mercancías que había salido de la estación de A Escravitude en dirección Santiago y que se deslizaron en sentido contrario siguiendo la pendiente de la vía. El expreso alcanzó el grupo de vagones entre las estaciones de Padrón y A Escravitude, en el lugar de Pazos y como consecuencia del choque se incendiaron dos cisternas cargadas de combustible causando una explosión que afectó a la locomotora del expreso, al furgón, al coche de correos y al coche de primera clase, causando 11 muertos y 2 heridos. Una mujer que había visto que los vagones se habían escapado sin control intentó, en vano, alertar al maquinista.
1975. 12 de agosto. Descarrila un ferrobús que prestaba el servicio Santiago-Vigo en Bamio, cerca de Vilagarcía de Arousa, causando la muerte de 6 personas y casi 80 heridos de los más de 200 pasajeros que llevaba. El ferrobús era una composición doble de cuatro coches. Se sospechó que un acto vandálico, como poner algún tipo de obstáculo en la vía, podría haber sido la causa del accidente por el cual se salieron de la vía los cuatro coches del tren en una curva de 350 metros de radio. De los seis fallecidos, cinco eran miembros de una misma familia: una mujer de treinta años, vecina de Madrid, sus dos hijos de dos y tres años, su madre y su suegra. El sexto fallecido fue el maquinista.
1956. 28 de diciembre. Descarrilamiento del expreso Madrid-A Coruña cerca de la estación de Quereño, en el municipio de Rubiá de Valdeorras (Ourense), como consecuencia de la rotura de 50 metros de carril de la vía tras unas lluvias torrenciales. El siniestro, que causó 5 muertos y 49 heridos, afectó principalmente a la locomotora, el furgón de cabeza y los primeros coches, entre los que se encontraba el de primera clase y el restaurante en el que iban durmiendo los empleados del mismo.
1950. 6 de diciembre. Chocan el expreso Madrid-A Coruña y un automotor que iba en dirección Coruña Ferrol, a la altura de la estación de Cecebre (A Coruña), causando 5 muertos y 9 heridos.
Interior de uno de los túneles entre Laza y Vilar de Barrio. ©F.J.Gil
1975. 8 de noviembre. Descarrila el expreso Rías Bajas, Madrid, Vigo en el túnel 66 entre Laza y Vilar de Barrio, por la rotura de uno de los carriles de la vía. La prensa de la época atribuye esa rotura a las bajas temperaturas. Causó 5 muertos y 7 heridos.
1973. 14 de julio. Descarrilamiento de una unidad de viajeros de los Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE) que viajaba de Ferrol a Gijón, a la altura de Cobas, término municipal de Viveiro (Lugo). Al salirse de la vía choca contra una trinchera, causando 4 muertos y 2 heridos. Será el mayor accidente producido en una línea de vía estrecha en Galicia.
1933. 10 de julio. Descarrilan un furgón y dos coches del expreso Madrid-A Coruña, cerca de la estación de Curtis (A Coruña), causando 3 muertos y 47 heridos.
1969. 18 de enero. Descarrila el rápido Vigo-A Coruña cerca de Alba (Pontevedra) por reblandecimiento de la tierra como consecuencia de unas fuertes lluvias que provocaron el fallo del asiento de la vía. La locomotora y varios vagones se precipitaron por un terraplén causando 2 muertos, 37 heridos y 2 desaparecidos (maquinista y ayudante) que no he conseguido averiguar si finalmente fallecieron (suceso en fase de investigación).
1896. 26 de febrero. Choque en Redondela entre un tren correo y un mercancías, causando 2 muertos y 11 heridos.
1975. 15 de abril. Choque de una locomotora y dos tractores de maniobras que circulaban en doble composición en Taboadela (Ourense), causando 2 muertos y 6 heridos.
 
1956. 17 de agosto. Choque de dos mercantes en la estación de Teixeiro (A Coruña) por un error en el cambio de agujas. 2 muertos y 2 heridos.
1930. 14 de octubre. Descarrilamiento del expreso Madrid-Vigo entre las estaciones de Pousa-Crecente y Arbo, causando 1 muerto y 12 heridos.
1916. 21 de noviembre. Choque de dos mercancías en Boveda (A Coruña). 1 muerto y 6 heridos.
1886. 20 de enero. Descarrilamiento de un tren de viajeros en San Clodio (Lugo) como consecuencia de una fuerte nevada que provocó el derrumbamiento de una trinchera. 1 muerto y 5 heridos.
1902. 7 de noviembre. Descarrila un merncancías cerca de la estación de San Clodio, causando 1 muerto y 4 heridos.
1935. 11 de octubre. Descarrilamiento de un mercancías entre A Pobra de Brollón y San Clodio, causando, 1 muerto y 3 heridos.
1928. 7 de octubre. Descarrila el correo de la mañana entre Pontevedra y Vigo a la altura de Paredes (Vilaboa), como consecuencia de ello el ténder de la locomotora y varios de los vagones que iban en cabeza caen al mar por un terraplén de 7 metros. 1 muerto (por arrojarse del tren en marcha cuando vio que descarrilaba) y 2 heridos. El tren estaba formado por 24 vagones, 5 de ellos de pasajeros. Como éstos iban en la cola del tren no se salieron de la vía, gracias a lo cual el accidente no se convirtió en una tragedia mayor, pues este tren, según recogía la prensa de la época, solía llevar en cabeza los coches de viajeros, lo cual habría podido causar una masacre y habría convertido éste, en el más grave accidente ferroviario en Galicia.
1963. 20 de diciembre. Descarrilan varios vagones de un mercancías cerca de la estación de Oural, en el municipio de Sarria (Lugo). 1 muerto y 2 heridos.
1906. 6 de junio. Descarrila un tren mixto cerca de O Barco de Valdeorras. 1 muerto y 1 herido.
1968. 25 de enero. Descarrila un tren cementero en Rubián (Lugo), causando 1 muerto y 1 herido.
1952. 8 de marzo. Una locomotora alcanza un tren contra el que choca, causando la muerte del guardafrenos en A Pobra de San Xiao (Lugo).



La Alco 1821, 318-021 según la numeración UIC, sobrevivió al accidente. Acabó sus días como donante de piezas en el museo de la Fundación de los Ferrocarriles de Galicia. ©F.J.Gil.
1964. 2 de enero. Descarrila y cae de la vía a un camino paralelo la locomotora Alco 1821 que iba al frente de un tren justo al salir del túnel número 88 de la vía Ourense-Zamora, en el término municipal de Baños de Molgas (Ourense). En su caída arrolla a un ciclista al que causa la muerte.
1957. 22 de julio. Vilagarcía. Chocan dos trenes de viajeros que cubrían los servicios A Coruña-Vigo y Vigo-Santiago en plena estación de Vilagarcía de Arousa, como consecuencia de un error en la posición de los cambios de agujas. 39 heridos.
1981. 5 de abril. Choque frontal de dos trenes en la estación de Oza dos Ríos (A Coruña), por un error en la posición de los cambios de agujas, entre el expreso A Coruña-Irún y un semidirecto Monforte-A Coruña. 38 heridos.
1981. 9 de abril. Descarrila el expreso Barcelona-Vigo a la altura de Pousa, municipio de Crecente (Pontevedra), causando 24 heridos.
2000. 18 de noviembre. Choca un automotor 594, TRD, contra las toperas en la estación de Vigo, causando 20 heridos.

jueves, 25 de julio de 2013

El lado oscuro de la alta velocidad

El Alvia 730, un tren híbrido, protagonizó el mayor desastre ferroviario en vías gallegas.
El miércoles 24 de julio de 2013 pasará a la historia del ferrocarril de Galicia como el día más negro y trágico. Es el más grave de los 25 accidentes ferroviarios ocurridos desde que en 1873 salía de la estación de Cornes el primer tren gallego camino de Carril. Pero no solo se constató un triste récord por el número de muertos. Se ha dado un salto cualitativo en la siniestralidad ferroviaria en nuestro país. El que afecta a los trenes de alta velocidad. Si lo comparamos con las cifras que muestran todos los accidentes en las vías gallegas, o incluso en las vías españolas, éste ha sido el más terrible de todos ellos.
¿En qué sentido supone una mayor tragedia este accidente de Santiago? En que, por primera vez un accidente ferroviario supone un drama similar a un accidente de aviación, con un porcentaje de víctimas que supera el 94 por ciento de la totalidad de los ocupantes del tren entre muertos y heridos. Ni siquiera el ocurrido en Torre del Bierzo, el 3 de enero de 1944 y que causó, según algunas fuentes, alrededor de 500 muertos había alcanzado esa tasa tan elevada de víctimas. Hay que recordar que en aquel accidente ocurrido cerca de la estación leonesa, viajaban en el correo Madrid-A Coruña más de 900 viajeros, incluso se llegó a hablar de más de un millar, y en el siniestro estaban implicados dos trenes y una locomotora más, y que algunos de los coches de viajeros del correo ardieron en el interior de un túnel.
La vulnerabilidad de los viajeros de un tren de alta velocidad se ha puesto de manifiesto en este accidente. El tren híbrido que presta este servicio ferroviario diurno entre Madrid y Ferrol es un Alvia 730, cuya serie compuesta por 15 unidades es fruto de la reforma de trenes de la serie 130, a los que se le sustituyeron dos de los once coches de viajeros por sendos furgones generadores diesel que permiten que estos trenes viajen indistintamente por líneas electrificadas o por trazados en los que carecen de catenaria. La dualidad del 730 lo es también en su capacidad para circular por vías de ancho ibérico y de ancho internacional, gracias a un sistema de rodadura desplazable y también para circular bajo catenaria en vías convencionales que se alimentan con corriente continua a 3.000 voltios y en vías de alta velocidad que utilizan corriente alterna a 25.000 voltios. Pero hay otras dualidades que jugaron en contra de este tren y han contribuido a que el siniestro alcanzase la trágica dimensión que han vivido los más de 220 ocupantes que viajaban en él ya fuera como usuarios o como tripulantes:  el 730 es un tren ligero, muy ligero, como corresponde a los talgos, embutido entre dos cabezas tractoras muy pesadas: no solo las locomotoras que lleva a ambos extremos de la composición, sino también los dos furgones generadores que permiten que pueda alimentar los motores eléctricos cuando circula por la vía no electrificada, que es la mayor parte del trazado entre Madrid y Ferrol o entre Madrid y Vigo. Un análisis de las imágenes del desarrilamiento tomadas por la cámara que captó el momento del accidente y que fueron emitidas por casi todos los medios evidencia este hecho. No es ni la cabeza tractora ni el furgón generador los que saltan en la curva, sino el primer coche de viajeros, que salta y provoca el descarrilamiento del resto de la composición.
La otra dualidad adversa es el paso de un sistema de seguridad que puede reducir automáticamente la velocidad máxima del tren en aquellas zonas que existen limitaciones específicas, conocido como ERTMS a otro en el que solo se da el frenado automático cuando el tren se salta una señal en rojo y que se denomina ASFA y es el que predomina en la red convencional.
Algunas declaraciones, sobre todo de representantes sindicales y de maquinistas, pusieron énfasis en el hecho de la diferencia de sistemas de seguridad y que la vía de alta velocidad entre Ourense y Santiago tiene el sistema ERTMS hasta 4 kilómetros antes de llegar a la estación compostelana, tramo en el que la conducción es regulada por el ASFA. Tienen razón. Pero también es cierto que un tren tan híbrido, preparado para circular por líneas convencionales y de alta velocidad, tiene que tener un equipo de conducción atento a esa dualidad y que una cosa es ir por la vía del AVE y otra por una vía normal y que si llevaba conduciendo trenes por este trazado desde hacía un año, no le podría pillar por sorpresa una limitación de 80 kilómetros por hora en una curva que lleva ahí desde la inauguración de la línea.
La diferencia de velocidad entre la permitida y la real del tren era tan excesiva que hace difícil pensar que haya sido fruto de una frivolidad del maquinista, como muchos medios pretenden dejar entrever al incorporar a sus informaciones la cuenta del Facebook del conductor del tren en el que había agregado una foto del tacógrafo de su tren marcando 200 kilómetros por hora. Es un tren que está habilitado para viajar a 250 y no constituye ningún indicio que el maquinista hiciera comentarios sobre la velocidad a la que viajaba en un tren en el que puede hacerlo. Hay que escuchar su versión y comprobar los datos que aporta la caja negra. Podría suceder, por ejemplo, que el freno no le hubiese respondido cuando llegó el momento en el que tendría que haber reducido la velocidad para cumplir con la limitación de la curva. Con ASFA o con ERTMS, los trenes llevan un dispositivo que registra en todo momento la velocidad a la que van y duplicar el límite permitido al frente de un tren de viajeros es una imprudencia que alcanza ya la consideración de delito. Es difícil pensar que alguien con dos dedos de frente y una treintena de años de servicio se juegue la cárcel por una acción tan temeraria.
Hasta que no se conozcan los detalles exactos de las investigaciones todo es pura especulación. Solo hay una certeza: la seguridad de estos trenes no es que haya quedado en entredicho, es que se encuentra bajo sospecha. Los hechos son tajantes: 79 muertos y 130 heridos: 209 de los 222 ocupantes del tren han sufrido las consecuencias de un descarrilamiento a alta velocidad.