jueves, 5 de enero de 2012

Isaac Díaz Pardo, el último ilustrado

Siempre me llamó extraordinariamente la atención su aspecto franciscano, casi menesteroso. ¡Qué  gran contradicción con su mente brillante, lustrosa, elegante, con su sentido del humor cargado de ironía y retranca! Isaac Díaz Pardo debe su primer apellido al artista y galleguista Camilo Díaz Baliño, su padre. Y su nombre, a Isaac Fraga, el propietario de la empresa de cines y teatros en el que su padre era cartelista y ejercía de escenógrafo. Isaac era una mezcla de idealista, siempre suspirando por crear un gran periódico gallego, tarea en la que nunca llegó a encontrar el respaldo necesario para emprender tamaña aventura, y un hombre práctico, un emprendedor que fue capaz de recuperar de la memoria la vieja fábrica del marqués de Sargadelos y convertirla en la isnignia industrial de Galicia.

Sargadelos no solo es una porcelana de extraordinaria calidad sino también un ejemplo de vanguardia en el diseño. Su evolución es todo un catálogo de estilos en los que Díaz Pardo supo comprometer a artistas como Luis Seoane.

Se podría decir que la muerte de Isaac Díaz Pardo deja a Galicia huérfana de uno de sus más preclaros intelectuales, que la víspera de reyes de este año 2012 nos privó del último de nuestros ilustrados, cultivador de la cultura gallega en todos sus frentes. Pero por suerte no es así. No tendremos que recurrir a la memoria para recordar en adelante a este intelectual, poeta, escritor, editor, pintor, grabador, ceramista, empresario. Su legado, el artístico, el intelectual y el industrial, están ahí para ser testigos permanentes de un hombre que dedicó toda su vida a hacer de Galicia una nación mejor.

jueves, 29 de diciembre de 2011

El parto de Fukushima


Se han cumplido nueve meses desde el desastre ocurrido en la central nuclear de Fukushima Daiichi. El terremoto y el maremoto son minucias que ya han pasado a la historia. Japón es un país rico y con mucha capacidad para sobreponerse a ese tipo de desgracias. Pero Fukushima es otra cosa. Tras nueve meses, el tiempo de un parto, la central nuclear nos deja su regalo envenenado: un radio de veinte kilómetros a los que no podrán regresar sus antiguos habitantes durante décadas; el desmantelamiento de una central nuclear fuera de servicio que  requerirá miles de trabajadores durante cuarenta años; más de cuarenta y cinco millones de metros cúbicos de residuos radiactivos que tardarán siglos en volver a ser inertes; todo un mar plagado de cesio radiactivo, un isótopo altamente cancerígeno que está alimentando los atunes y demás  peces del Mar del Japón y numerosa fauna y flora del Pacífico. El  legado maldito de Fukushima Daiichi nos perseguirá durante generaciones y da igual que estemos al otro lado del mundo, para la radiactividad también existe la globalización.
Si tuviéramos que evaluar los costes de todos estos perjuicios, incluyendo las indemnizaciones a los miles de granjeros que durante años y años tendrán que arrojar a la basura sus cosechas y a los ganaderos que no podrán vender la leche o la carne o cualquier otro producto, la cifra resultaría tan astronómica que nos habría dado recursos suficientes como para organizar no una, sino varias expediciones a Marte. Estos son los costes de la energía nuclear que  sus defensores ocultan cuando echan las cuentas de la lechera y nos tratan de vender la moto de que es la energía más limpia y barata que existe. Barata, nada y limpia, tampoco.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Marchando una de villancicos

Un clásico entre los clásicos de los villancicos, de la mano de otros clásicos, afortunadamente incombustibles. A soalin', por Peter, Paul and Mary.

¿Y què os parece este tamborilero de cuando David Bowie era un pimpollito? Bing Crosby ya estaba aquí bastante cascado. En fin solo  me falta poner el tamborilero por Raphael. Pero ese lo podeis encontrar en youtube.

Y la que no puede faltar, de ningún modo, es esta película: la versión de los teleñecos del clásico de Dickens, el Cuento de Navidad.



jueves, 22 de diciembre de 2011

El gordo del Banco Central Europeo

Oh fortuna velut luna, statu variabilis. Ningún día más apropiado que el de la lotería de navidad para recordar los cantos del Beurón, es decir Carmina Burana,–a mi amigo y también redondelano Suso Pérez Varela le atribuyen que les llamó Carmiña Burana y no sé por qué se rasgaron tanto las vestiduras los culturetas por hacer una traducción literal al gallego–. La fortuna, como la Luna, es siempre variable. Ahora les toca en forma de gordo de navidad a los vecinos de Grañén, lo cual quiere decir que no nos toca a nosotros, los de Redondela. También les tocó a los bancos a los que el Banco Central Europeo acaba de soltarles la nada despreciable cifra de 500.000.000.000 de euros. Dicho en román paladino: quinientos mil millones de euros. Un préstamo al uno por ciento de medio billón de euros. Esto me plantea una receta fantástica para acabar, de un plumazo, con un millón de parados: présteles el Banco Central Europeo quinientos mil euros a cada parado, al uno por ciento a tres años, para que se los preste al nuevo ministro de Economía en forma de deuda del Estado. Y he aquí que, de repente, tenemos un millón de rentistas dándose de baja de las listas del Inem, que con los veinte mil euros al año que ganarían cada uno de ellos con esta operación, dejarían de convertirse en subsidiados para ser acreedores del nuevo gobierno, cotizantes en la Seguridad Social y pagadores del impuesto sobre la renta de las personas físicas. Al fin y al cabo, los bancos europeos es lo que hacen cada vez que el Banco Central les hace regalos de esta naturaleza, perdón, quise decir, préstamos. La diferencia entre una operación y otra es que, la lotería de los préstamos al 1 por ciento en vez de beneficiar a unos pocos, dejaría sin agobios a un millón de familias.