Para mi amigo Ignacio Oliveira, alias profesor Olivander, que en este fin de semana anda de caminata de
largo recorrido, y para mi hermana Laura, que me lee desde el cálido otoño de
Fuerteventura. Ambos saben perfectamente para qué sirve una fiesta electoral:
para disfrutarla, pero lejos de los
políticos.
Recuerdo mi primera campaña electoral. Fue al mismo tiempo
la primera en la que voté, salió el candidato por el que votaba (y solo salió
él) y me pilló trabajando. Tras mis primeras prácticas en la redacción de Faro
de Vigo el verano anterior, prolongué la estancia en el periódico hasta el mes
de noviembre, para poder trabajar también en las primeras elecciones autonómicas,
aquellas de octubre de 1981. Hago un inciso para homenajear a dos ministros,
uno de Educación que se llamaba José Manuel Otero Novas, y el otro de
Universidades que se llamaba Luis González Seara. Ambos eran ministros del
gobierno de Suárez en aquel momento al que me refiero, y ambos gallegos: el
primero, natural de Vigo y el segundo de A Merca, en la provincia de Ourense.
Les rindo homenaje porque como políticos eran de otra condición y porque
además, en aquellos tiempos, las clases en la universidad comenzaban pasado el
12 de octubre y no como ahora que se adelantan a la primera quincena de
septiembre. Parece como si el gobierno de hoy día tuviese prisa en que los
estudiantes españoles empezaran prematuramente las clases, no sé, ¿será para engrosar
antes las listas de parados? Esto me da para escribir otro artículo pero lo
dejaré para más adelante. Volvamos a lo que quería deciros.
En aquellos tiempos, los mítines eran mucho más "caseros".Podías ver a Rajoy, jugando con una chapa de botella de Mondariz en pleno "speech". |
La cuestión es que en aquella campaña electoral, la primera
autonómica, a la que se presentaban como candidatos Gerardo Fernández Albor,
alias Merendiñas, Paco Vázquez, Bautista Álvarez, Camilo Nogueira y Ángel Guerreiro había sido todo un despliegue de
mítines, megafonías por las calles, avionetas con pancartas, papeletas, panfletos,
pasquines y muchos carteles pegados por las calles. El Vigo de aquel momento,
que era un Vigo arruinado por la crisis en el sector naval, con Ascón cerrado y
varios astilleros sin carga de trabajo, tenía muchos escaparates llenos de
carteles electorales de vota a éste o a aquel otro. Lo cierto es que eran escaparates
de tiendas cerradas. La calle del Príncipe estaba más oscura que un suburbio y
la situación era tan dramática que en muchos comercios, vacíos, los
trabajadores temían por la continuidad de sus empleos. Recuerdo que había en
uno, que estaba pegado a la redacción local del Faro, allí en la calle Colón
que se quejaban de una manera muy descriptiva.
-¿Qué, cómo va la cosa?
-Terrible. No entran ni a robar.
La diferencia entre aquella crisis y ésta estaba en que el
despido todavía no era libre y las listas de parados no crecían de una manera
tan alarmante como hoy día. Supongo que la ventaja de la moneda nacional frente
a la única, se hacía notar y la competitividad se arreglaba devaluando la
peseta y entonces se apretaban todos el cinturón, no solo se devaluaban los
salarios y los servicios sociales. La cuestión es que se gastaba mucho dinero
en una campaña electoral en papel y en tinta. Eran buenos tiempos para las
imprentas y para los periódicos y para las emisoras de radio. Había una
incipiente “industria electoral” que generaba empleo temporal. Más, desde
luego, que la vendimia, ya que, además, en aquellos tiempos ni siquiera
existían la mayor parte de las denominaciones de origen vinícolas de Galicia.
Han pasado 31 años y ocho campañas electorales –está a punto
de terminar la novena de las autonómicas gallegas– y ¿qué ha cambiado? También
estamos en crisis, en los comercios no entran ni a robar, pero ahora ya no hay
ni carteles ni una industria electoral que dé ganancia a las imprentas, ni a
las avionetas, ni a las megafonías. Todo se airea por las redes sociales. Abro
el Facebook y me encuentro con que una veintena de los que tengo agregados como
amigos se pasan todo el día colgando en
la red propaganda de aquellos a quienes van a votar. Algunos son significados
militantes y hasta candidatos de las distintas listas que se presentan. La gran
ventaja de internet en general, y de las redes sociales en particular es que
permite a cada uno, expresarse libremente y transmitir libremente aquello que
piensa o a quiénes quiere apoyar con su palabra, su voz, sus dibujos, carteles,
fotos, recortes de periódicos, enlaces a otras páginas, etcétera. Hasta ahí todo
bien. Pero cuando convierten una red social en un babel lleno de ruido
electoral, lo que están haciendo es invitar a sus amigos a que dejen de serlo.
Por suerte, la cosa se acaba. Llega el fin de semana y Meteo
Galicia anuncia que el domingo no lloverá, solo habrá elecciones. Claro que, el
problema de Meteo Galicia es que debieron despedir a los meteorólogos y habrán
contratado economistas porque desde hace unos cuantos meses no aciertan ni una.
Y si queréis mi pronóstico,
ya nos lo anticipo. Parafraseando a Pío Cabanillas, “no sé quiénes, pero sé que
perderemos”.
Y suspirarás por la instrucción popular, y continuarás tan burro como antes, clamarás por la libertad y tan amarrado como antes a la argolla del salario seguirás, demandarás equidad, justicia, solidaridad, y te darán fárragos y más fárragos de decretos, de leyes, de reglamentos, pero ni una pizca de aquello a que tienes derecho y no gozas porque ni sabes ni quieres tomártelo por tu mano.
ResponderEliminarY ahora ve y vota y remacha tu cadena.
Estas palabra fueron escritas en 1904. Nuestros bisabuelos ya recelaban de los políticos aprovechados.
Un abrazo